Parroquia San Juan Bautista – Santa Fe de la Vera Cruz
A 100 AÑOS del comienzo pastoral parroquial
-1º de Abril de 1910 – 1º de abril de 2010-
Dedicación de la Iglesia y Consagración del nuevo altar
Domingo 29 de Agosto de 2010, a la hora 10.
(Memoria del martirio de San Juan Bautista)
Rito de la Dedicación de una Iglesia
El rito de la dedicación de iglesias y de altares es una de las más solemnes acciones litúrgicas. El lugar donde la comunidad cristiana se reúne para escuchar la Palabra de Dios, rezar y, principalmente, para celebrar los sagrados misterios, y donde se reserva el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, es imagen peculiar del templo espiritual edificado con piedras vivas.
Iglesia es tanto la comunidad de los fieles como el edificio donde estos se reúnen. También el altar, que concentra la mirada del pueblo santo reunido para participar del Sacrificio del Señor y alimentarse con el banquete celeste, es signo de Cristo, piedra fundamental y cimiento espiritual.
La dedicación de la iglesia es un día de fiesta, que no puede pasar desapercibido, sino que debe marcar un hito importante en la vida eclesial. Ese día, aniversario de la dedicación, se celebrará en lo sucesivo con la mayor solemnidad.
a) Los ritos de la dedicación
El rito sigue los pasos de los tres sacramentos de la Iniciación cristiana, reforzando el simbolismo de la iglesia como representación de la comunidad y cada uno de los fieles, templo del Espíritu Santo, que se reúnen en ella. La aspersión en recuerdo del Bautismo; la unción del altar y de los muros de la iglesia como en la Confirmación; y la cremación del incienso sobre el altar, revestimiento e iluminación de éste, para la Eucaristía.
La aspersión. En clara analogía con el Bautismo en virtud del cual somos hijos de Dios, el altar y la iglesia son rociados con agua bendita.
Letanías: Mediante el canto de las letanías, la oración se dirige a Dios Padre y se pide intercesión de la Virgen María y de todos los santos.
Oración de dedicación. Se dice también una peculiar y solemne oración de dedicación, en la que se expresa la voluntad de dedicar para siempre la iglesia al Señor y se pide su bendición. Con esta oración comienza propiamente el rito de la dedicación.
b) Los ritos de la unción, incensación, revestimiento e iluminación del altar expresan con signos visibles algo de aquella invisible obra que realiza Dios por medio de la Iglesia que celebra los sagrados misterios, sobre todo la Eucaristía.
Unción del altar y de las paredes de la iglesia. Por la unción del Crisma, el altar se convierte en símbolo de Cristo, que es y se llama por excelencia el «Ungido»; en efecto, el Padre por el Espíritu Santo lo ungió y lo constituyó Sumo Sacerdote, que ofreció en el altar de su cuerpo el sacrificio de su vida para la salvación de todos los hombres. Los muros, símbolo de los fieles como “piedras vivas”, son ungidos con el santo Crisma, significando que se dedica la iglesia plena y perpetuamente para el culto cristiano. Se hacen doce unciones, según la tradición litúrgica, con las que se significa que la iglesia es una imagen de la santa ciudad de Jerusalén, cimentada sobre las columnas de los Apóstoles del Cordero. (Apoc. 21, 14).
Cremación del incienso. Se quema incienso sobre el altar para significar que el sacrificio de Cristo, que se perpetúa allí sacramentalmente, sube a Dios como suave perfume y también para expresar que las oraciones de las fieles, propiciatorias y agradecidas, llegan hasta el trono de Dios (Apoc. 8, 3-4). La incensación de la nave de la iglesia significa que por la dedicación se convierte en casa de oración; pero se inciensa primero al pueblo de Dios, que él es el templo vivo en el que cada uno de los fieles es un altar espiritual.
Revestimiento e iluminación del altar. El revestimiento del altar con manteles blancos y su iluminación con cirios indica que el altar cristiano es ara del sacrificio eucarístico y al mismo tiempo la mesa del Señor, alrededor de la cual los sacerdotes y los fieles, celebran la Eucaristía, el memorial de la muerte y resurrección de Cristo y comen la Cena del Señor. Por eso el altar, como mesa del Banquete sacrificial, se viste y se adorna festivamente. La iluminación del altar, seguida de la iluminación de la iglesia, recuerda que Cristo es «la Luz para iluminar a las naciones» (Lc. 2,32), con cuya claridad resplandece la Iglesia y por ella toda la familia humana.
BREVE RESEÑA HISTÓRICA DE LA PARROQUIA SAN JUAN BAUTISTA.
En 1897 se crea entre otras, la diócesis de Santa Fe, en Argentina. Al año siguiente llega a nuestra provincia Mons. Juan A. Boneo, quien pastoreará como obispo durante un largo período que se extiende hasta 1932, año de su muerte. El 31 diciembre de 1909 Mons. Boneo crea por Decreto la parroquia San Juan Bautista, comenzando a funcionar el 1º de abril de 1910 en la capilla del Colegio La Salle Jobson. Años más tarde, con la asistencia del Pbro. Miguel J. Murchio Vergara, el obispo adquiere un terreno en las inmediaciones del colegio La Salle con el objeto de construir un templo que albergue a la creciente feligresía del barrio.
El primer párroco fue el Pbro. Antonio Biagioni (2/4/1910 a 11/4/1911) comenzando a darle identidad propia a la nueva parroquia. Le sucede el Pbro. Miguel Murchio Vergara (11/4/1911 al 11/5/1919). Bajo su pastoreo y a pesar de las dificultades, sobre todo económicas, en 1917 se inaugura el templo parroquial bajo el patronazgo de San Juan Bautista, con la presencia del obispo Juan A. Boneo y una gran concurrencia de fieles. Después de él continúa el Pbro. Manuel Vázquez Nieves (19/5/1919 al 30/7/1933). Durante su gestión, se produce la creación de la Acción Católica, gracias a la colaboración del apostolado laical, siendo la presencia parroquial de capital importancia para el barrio. Desde 1933 hasta 1947 asume la dirección de la parroquia el Pbro. Pascual Caramuto, quien se propuso revitalizar la catequesis, acercar a la parroquia a los residentes del barrio y, realizar obras de ampliación. En el período que se extiende desde el 4 de enero de 1948 al 31 de diciembre de 1978 se desempeña como párroco el Pbro. Tomás Biagioni, con la colaboración del Pbro. Juan Boetti, que desempeña su actividad visitando los hogares y asistiendo a los enfermos. A mediados de este siglo numerosos trabajadores rurales emigran a la ciudad y, por lo tanto, y gracias a la generosa ayuda de los vecinos y de la Junta Parroquial, se logra la ansiada ampliación del templo para satisfacer las necesidades espirituales de la población. El 7 de mayo de 1978 asume como párroco el padre Belisio B. Lorenzón, y su mandato se extiende hasta 1994. Si bien transitó un período histórico difícil, estuvo siempre atento a las necesidades de la feligresía, dedicándole largas horas, consolándolos y dando una palabra de aliento al que la necesitaba. Continúa el pastoreo de la comunidad el Pbro Omar Strina hasta diciembre de 1996, promoviendo particularmente la catequesis familiar implementada en la arquidiócesis. En diciembre de 1996 comienza su tarea como administrador parroquial el Pbro. José Luis Ayala, quien concluye la obra de la nueva casa parroquial e incentiva la labor laical. A fines de 1999 lo sucede el Pbro. Rubén Strina, recordado por su alegría y peculiar forma de transmitir las enseñanzas de Cristo y de la Iglesia. Le sigue a partir de 2003 el Pbro. Miguel Scalzotto, incentivando las devociones populares y promoviendo el Movimiento Comunión y Liberación. El 18 de mayo de 2008 asume como párroco el Cngo Ricardo B. Mazza quien se aboca al proyecto de la modificación del presbiterio, sin descuidar su misión apostólica, especialmente con los jóvenes. En la actualidad en nuestra parroquia funcionan instituciones como el Apostolado de la Oración, la Cofradía de nuestra Señora de Guadalupe, Acción Católica, Grupo de oración Magnificat, Renovación Carismática Católica y los Equipos Misionero, Catequesis, Caritas, Liturgia, OVE, Pastoral Familiar y, Pastoral de la Salud en la que colaboran los ministros extraordinarios de la Comunión. En el ámbito juvenil se cuenta con el grupo universitario San Ignacio de Loyola y el de Adolescentes de secundaria Juan Pablo II, ambos bajo el seguimiento permanente del padre Mazza y equipo de colaboradores.
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