Celebramos en la Pascua la fuente de una Vida Nueva que nos ha traído Jesucristo. La Pascua es semilla de lo nuevo, es comienzo y futuro. Es comienzo en cuanto don obtenido por Jesucristo, y es futuro como horizonte de vida ofrecida a todos. En esta dinámica de lo nuevo como algo ya adquirido, podemos comprender el significado de la Pascua y la responsabilidad que nos cabe.
Cuando la liturgia nos habla de los frutos de la Pascua lo hace utilizando la imagen del Reino de Dios, que es una realidad iniciada con Cristo pero en camino hacia su plena realización. Esta imagen nos habla de un Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. Este es el fruto de la Pascua. Cuando desde ella contemplamos la realidad que nos rodea no podemos dejar de ver la distancia y dolernos.
La Pascua no nos permite sustraernos a esta realidad del mundo amado por Dios y para el cual ha venido Jesucristo. Celebrar la Pascua es alegría por el don recibido, pero también compromiso con la vida del hombre y del mundo. La fe en el Dios de la Vida es garantía de fraternidad y de solidaridad.
Son muchas las condiciones de fragilidad en la que viven muchos hermanos nuestros. Pienso en los ataques que sufre la vida desde el embarazo, con el peligro del aborto, hasta los riesgos de una infancia carente del necesario acompañamiento que garantice su futuro. En el flagelo de la droga que avanza y mata con la complicidad del silencio y la impotencia que manifiesta la autoridad.
En la pobreza y marginalidad que hiere la dignidad del hombre y su familia, con consecuencias irreparables en la vida y desarrollo integral de sus hijos. En la mezquina construcción de una agenda política centrada en el poder, y la ausencia de un diálogo constructivo al servicio de un proyecto de país que incluya a todos. La semilla de lo nuevo necesita de un suelo bien dispuesto para poder dar frutos.
Es de desear que la luz de la Pascua ilumine el camino de este año electoral. Ante todo, valoremos la política como la necesaria mediación entre las ideas y la realidad. Ella pertenece al ámbito de la ética y está al servicio del bien común. Por ello el político, junto a su preparación y competencia, debe abrevar y sentirse exigido por los valores morales. Alejado de todo enfrentamiento estéril debe ser testigo de un diálogo maduro y ejemplar para la comunidad.
Estas actitudes elevan a la política y hacen de ella un acto de docencia cívica y de renovada esperanza para el pueblo. Ella necesita del poder, pero no como un bien absoluto que deba conservar a cualquier precio, sino como un tiempo oportuno de servicio en el marco de la Constitución. La obediencia a la ley es un límite que la preserva y ennoblece y que hace, además, al nivel de la misma democracia.
Con la alegría de la celebración de la Pascua reciban mis mejores deseos, junto a mi afecto y bendición en el Señor que ha Resucitado y nos compromete a hacer realidad los frutos de esta Vida Nueva.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
Este texto corresponde al Micro Radial
que se emite por LT9 (AM 1150) los sábados a las 13:00hs.

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