
Palabras inaugurales de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario,
en el Congreso de Doctrina Social de la Iglesia (Rosario, 7 de mayo de 2011)
La Comisión Nacional de Pastoral Social me ha pedido como Obispo del lugar que abra nuevamente el Acto Central de este Primer Congreso de Doctrina Social de la Iglesia organizado por la Conferencia Episcopal Argentina, y de muchos colaboradores como la Universidad Católica Argentina y otros organismos civiles y eclesiales, que se realiza en este Teatro El Círculo de Rosario, que es un símbolo del patrimonio artístico y cultural de la Ciudad.
Saludo a los presentes
Deseo expresarle especialmente la bienvenida al Señor Cardenal Peter Turkson; nacido en Wassaw Nsuta, en Ghana, y Arzobispo emérito de Cape Coast, y Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, que ha viajado desde Roma para brindarnos su enseñanza y su próxima disertación; y agradecer la presencia del Señor Gobernador de la Provincia de Santa Fe Dr. Hermes Binner; del Señor Intendente de Rosario, Ing. Miguel Lifschitz; del Señor Nuncio Apostólico Monseñor Adriano Bernardini, y de Monseñor Jorge Casaretto, Presidente de la Comisión de Pastoral Social, así como la de Señores Arzobispos y Obispos presentes, a las Autoridades Nacionales, Provinciales y Municipales; de los benefactores del Congreso, a los invitados, Congresistas y organizadores.
A todos ustedes les brindo una cordial bienvenida en nombre de la Arquidiócesis de Rosario, de sus sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, y manifestarles nuestra honda satisfacción de ser anfitriones de este acontecimiento eclesial y de recibir a todos los visitantes mencionados.
En las preliminares del Congreso
Si bien la Comisión Nacional de Pastoral Social y el episcopado argentino eligieron a Rosario por diversas circunstancias que favorecen la realización del Congreso en esta Ciudad, así como por la presencia de la sede Rosario de la Universidad Católica Argentina, sus instalaciones y su colaboración valiosa en este evento; también deseo destacar en esta oportunidad el empeño y el entusiasmo de la Iglesia arquidiocesana por la realización de este Congreso, particularmente de sus laicos y su deseo de ahondar en la enseñanza de la Doctrina Social y en sus metas concretas.
Sabemos que la propuesta de realizar este Congreso ha sido desde sus comienzos una iniciativa de los obispos del país que, reunidos en Asamblea Plenaria en noviembre de 2009, hicieron, a la luz de la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia y de la celebración del Bicentenario de la Patria, un llamado a la acción a los cristianos, y a la ciudadanía en general, como agentes de transformación de la vida social, económica y política del país, alentándolos a dar el paso de habitantes a ciudadanos responsables, y estableciendo “como prioridad , el lema de este Congreso.
A la luz de la enseñanza de Benedicto XVI
Cómo no tener presente esta propuesta naciente, si en el año 2009 fue el mismo Santo Padre Benedicto XVI quien en la “Visita Ad Limina” del episcopado argentino tuvo a bien exhortarnos vivamente “a fomentar en nuestras comunidades diocesanas el ejercicio de la caridad, de modo especial para con los más necesitados”, y al mismo tiempo invitó a los fieles laicos “a promover de modo especial aquellos valores que son esenciales al bien común de la sociedad” (30.IV.2009).
Sin duda, cabe mencionar en este sentido la profunda inquietud del Papa expresada con una pregunta en su discurso inaugural en Aparecida, cuando se preguntó: ¨ ¿Cómo puede contribuir la Iglesia a la solución de los urgentes problemas sociales y políticos, y responder al gran desafío de la pobreza y la miseria?” Agregando luego, que “esta pregunta fundamental sobre el modo como la Iglesia, iluminada por la fe en Cristo, deba reaccionar ante estos desafíos, nos concierne a todos” (13.V.2007,nº 4).
Por ello, el eje central del Congreso y los temas propuestos por la Comisión episcopal de Pastoral Social atrajeron, como dijimos ayer y lo pudimos comprobar por el gran número de participantes, la atención y la respuesta de muchos participantes de nuestras diócesis del país, y sobre todo el deseo de recibir y escuchar la disertación del Cardenal Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz.
La Doctrina social de la Iglesia se nutre del Evangelio
La Doctrina social de la Iglesia puede orientarnos para ofrecer una respuesta a diversos interrogantes y situaciones referentes a la vida, a la familia, al trabajo digno, a la pobreza, a la seguridad, al flagelo de la droga, etc., sabiendo que su enseñanza proviene de una profunda reflexión a la luz del Evangelio. Podemos decir de este modo, que los principios de la doctrina social de la Iglesia, que abrevan en la ley natural, resultan después afianzados y valorizados por el mismo Evangelio de Jesucristo.
Por cierto, esta preocupación de la Iglesia y su permanente reflexión, le ha permitido con el transcurso de los años, elaborar una doctrina y una respuesta luminosa y orientadora. Sin embargo un desafío principal, que debemos abordar, se relaciona no tanto en relación al contenido de dicha Doctrina; sino a la aplicación y a la vivencia de la misma, “ya que este patrimonio doctrinal no se enseña ni se conoce adecuadamente : y ésta es una de las razones por las que no se traduce oportunamente en un comportamiento concreto” (comp.. DSI,nº 528).
Pienso en este sentido, qué importante es para llegar a aplicar estas enseñanzas que se nutren del Evangelio que podamos realizar adecuadamente y a diario gestos concretos. A veces pequeños y a veces grandes, pero todos que manifiesten la verdadera solidaridad y el amor, enraizados con la fe. Pienso por ejemplo, ayer por la tarde tarde, en el encuentro que tuvo el Señor Cardenal Turkson con un grupo de jóvenes y sus acompañantes con capacidades especiales. Ellos participaron de la Misa que concelebramos, y luego tomaron la merienda con nosotros y conversaron animadamente, manifestándose su cercanía con gestos significativos..
La caridad en la verdad
Ante la aflicción de la pobreza, y de tantos otros flagelos que padece el hombre de hoy, así como para alcanzar el bien integral que tanto anhelamos para todos, deseo que este Congreso que se ofrece a los creyentes y a los hombres y mujeres de buena voluntad, tal como se lo han propuesto sus organizadores, responda a estas inquietudes y contribuya a conocer y profundizar la Doctrina social de la Iglesia, con el fin de hallar un camino de solución para los más necesitados, y sea a la vez un incentivo para seguir ahondando en esta fuente de verdad.
Ojala podamos ahondar la enseñanza del Papa en ”Caritas in veritate”: La solidaridad es en primer lugar que todos se sientan responsables de todos; por tanto nos e la puede dejar solamente en manos del Estado. Mientras antes se podía pensar que lo primero era alcanzar la justicia y que la gratuidad venía después como un complemento, hoy es necesario decir que sin la gratuidad no se alcanza nada ni siquiera la justicia (nº 38).
Agradecimiento
Además del trabajo de los organizadores, de los miembros de la Comisión nacional de Pastoral Social y de la CEA, deseo agradecer especialmente la colaboración de la Comisión arquidiocesana de Pastoral Social; y a la vez la de muchas personas, comunidades e instituciones, al Gobierno de la Provincia y del Municipio de Rosario, así como a los voluntarios y voluntarias, interesados por este ofrecimiento.
Quisiera nuevamente, como lo hice ayer, encomendar la realización de este Congreso, a quien trabajó incansablemente por la Doctrina Social de la Iglesia, y sobre todo por su transmisión, enseñanza y aplicación, lo hizo denodadamente en sus homilías y discursos, en sus audiencias y encuentros con las más variadas personalidades, y con hombres y mujeres del mundo entero, me refiero al Beato Juan Pablo II, a quien quisiera dedicar los frutos del trabajo de estos días.
Reiterando mi saludo y la bienvenida a esta Arquidiócesis, que los recibe cordialmente, les deseo la mejor estadía y los encomiendo especialmente a Nuestra Santísima Madre del Rosario.
Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario
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