miércoles, 29 de agosto de 2012

Reflexiones para el 29 de agosto (Día del Abogado) : “¿Un oficio o un don?”

por el Dr. Ignacio Mendoza* “Aequat Omnes cinis” (La ceniza nos iguala a todos) Séneca La diferencia entre el oficio y el don parecería evidente. El don es regalo, es ayuda, algo que llega a nosotros desde afuera. El oficio es hábito, es aquello que está en nosotros y se desarrolla a partir de la ejercitación, la el ensayo-error, de la contrastación entre la teoría y la práctica.
Pero a poco que profundizamos la reflexión, nos damos cuenta que, don y oficio, no son realidades antitéticas, sino íntimamente ligada y referidas al mismo sujeto: la persona a la que refieren. El don llega a la persona como una fuerza realizadora de la potencia que combina creatividad con reflexión, en orden a las realizaciones concretas. El oficio proyecta el don en servicio sistemático, en procedimientos que determinan un determinado resultado. Abogar tiene todo lo que tiene el don, y tiene todo lo que tiene el oficio. La complejidad de nuestro trabajo se refiere a lo que la ley y la justicia componen en términos de resolución de conflictos y de disputas. Razón y norma, norma y voluntad parecen ser el escenario de nuestra tarea explicativa de los intereses y las posiciones en tensión. Y dentro de la razón, los valores que justifican el criterio de verdad que nos informe, tanto para el que acepta la trascendencia, como para el que la niega. Porque, aún en la negación, también hay misterio, porque hay mucha humanidad comprometida en la facultad, la obligación, la adjudicación y el orden. Son esos mismos valores que nos animen, nos vinculan con el don, esa actitud personal por poner en palabras y en términos, las razones para que se adjudiquen derechos, se hagan exigibles las obligaciones, se discutan pertenencias. El hombre, es un sujeto de apropiaciones. El derecho es una cruzada de adjudicaciones. La sociedad es la principal responsable de hacer definiciones acerca de lo que quiere de si misma y para si misma. La abogacía entonces no tiene que ver con sí misma, tiene que ver con los otros, con el don de la alteridad, y con el oficio de la persuasión. La abogacía hace mas evidente lo que somos, nos exige desnudar la humanidad, despejar el discurso, para hacer visible el interés. Y desde este interés develado, el desafió de constituir un nuevo discurso para justificar la requirencia, ese oficio de “pedir por otros”. Para pensar, para medirse, para mejorar...
* docente de la UCSF.

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