martes, 10 de junio de 2014

Sexoadicción, enfermedad siglo 21.

El estadounidense John Gray, psicoterapeuta y autor de “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”, afirma haber salvado a miles de matrimonios, pero está preocupado por internet, el nuevo terreno de las relaciones.
Cuando el deseo de mantener relaciones sexuales es demasiado frecuente y la búsqueda de satisfacción del mismo ocupa gran parte del día a día, o interfiere de forma significativa trayendo consigo consecuencias negativas, es muy probable que exista una situación de adicción al sexo.
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En su libro "Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus", el psicoterapeuta John Gray afirmó: “Los hombres y mujeres no sólo se comunican de manera diferente, sino que piensan, sienten, perciben, reaccionan, responden, aman, necesitan y valoran de manera totalmente dispares. Casi parecen proceder de planetas distintos, con idiomas distintos y necesidades también desiguales”.
Gray describió alguna vez las diferentes maneras sobre cómo se excitan hombres y mujeres. Los hombres suelen responder frente a lo sensual (tacto, gusto, olfato y vista), mientras que para las mujeres, la excitación generalmente es una “operación mental”, en la que requiere un tiempo para desenchufarse de las actividades diarias y conectarse con el placer. 
La ciencia avala la reflexión de Gray. En un artículo firmado por Erik Everhart y otros, de la Escuela de Medicina y Ciencias Biomédicas de Buffalo (Universidad Estatal de Nueva York), puede leerse que los chicos preadolescentes muestran una misma habilidad para reconocer los rostros e identificar las expresiones faciales, pero en los varones se utiliza más el lado derecho del cerebro, mientras que las niñas acuden al hemisferio izquierdo. “Esto sugiere que los cerebros de ambos sexos están organizados de manera distinta antes de alcanzar la mayoría de edad”, según Everhart. 
Pero Gray, autor de aquel bestseller de 1992, advierte que luego de 22 años desde entonces, ahora está ocurriendo algo que amenaza con cambiarlo todo.
"El porno online es tan adictivo como tomar heroína”, afirmó John Gray, autor de muchos textos sobre crecimiento personal, en una entrevista concedida a la agencia francesa de noticias AFP. 
Para entender a qué se refiere Gray cuando menciona a la heroína: esa droga altera las señales normales del cerebro, sobrecargando el circuito de recompensa por acciones “normales” placenteras: el ritual de obtener y consumir la droga reemplaza acciones como comer cuando la persona tiene hambre o dormir cuando tiene sueño. Así se envían cantidades excesivas y anormales del neurotransmisor llamado dopamina, que transmite las señales de placer, creando fuertes sentimientos de placer. En un determinado momento del consumo o del abuso de heroina, se producen cambios cerebrales que convierten el abuso en adiccion, en enfermedad. Así, los adictos a la heroina sufren un intenso y compulsivo deseo de esa droga (craving) y no pueden abandonar el consumo por sí mismos.
Se estima que 23% de las personas que alguna vez han usado heroína se volvieron adictos permanentes.
Según Gray, las nuevas tecnologías han empezado a apoderarse del terreno de las relaciones sentimentales, y eso es dramático.
Estas nuevas tecnologías son herramientas positivas en algunos casos. Por ejemplo, para ayudar a una persona divorciada por encima de los 50 años a encontrar una nueva una pareja, afirma Gray.
Pero también provocan las 2 tendencias en alza que ponen en jaque la estabilidad de las relaciones: 
> la pornografía online, y 
> las páginas para ser infiel (mencionó ejemplos como Ashleymadison.com y Arrangementfinders.com).
“Cuando se tiene una relación con alguien a quien no se conoce, al que no se quiere, cuando el sexo es impersonal, lleva a la adicción”, dijo Gray.
“Por ejemplo, el porno gratis en internet está creando una fuerte adicción. Millones y millones de personas están colmando sus satisfacciones sexuales a través de fantasías”, reflexionó Gray. “El efecto que el porno tiene en el cerebro es como la heroína”, agregó.
"Mucha gente usa el sexo de vez en cuando para escapar del estrés, esto es algo normal. El problema es que para los adictos al sexo se trata de una conducta constante, que se intensifica hasta tal punto que el deseo sexual controla todos los aspectos de sus vidas, y además se sienten impotentes en sus esfuerzos por cambiarla", explicó Rory Reid, autor de un trabajo publicado hace algún tiempo en la revista Journal of Sexual Medicine.
Un equipo de psicólogos y psiquiatras de la Universidad de California elaboraron una lista de criterios para diagnosticar el llamado "desorden hipersexual" como un tipo más de trastorno de la salud mental.
Ser físicamente adicto significa que el cuerpo de una persona se vuelve dependiente de una sustancia particular (por ejemplo, fumar puede ser adictivo). También aumenta la tolerancia de la persona a esa sustancia, de modo que la persona necesita una dosis cada vez mayor para obtener el mismo efecto. Alguien que es físicamente adicto y deja de consumir una sustancia, como drogas, alcohol o tabaco, experimenta un síndrome de abstinencia. Algunos síntomas del síndrome de abstinencia son diarrea, temblores y sentirse pésimo en general.
En el caso de la adicción a la que se refiere Gray, la clave es la adicción psicológica o emocional: las personas adictas sienten que el deseo de consumir les supera. Pueden mentir e incluso robar para conseguir su satisfacción.
Una persona cruza la línea que separa el consumo de la dependencia cuando se ha vuelto dependiente de ella. Su vida se centra en la satisfacción de su necesidad y siente que no puede dejar de consumir.
3 barreras
En todos sus libros, Gray explica que hombres y mujeres son totalmente diferentes de base y que aceptar estas diferencias lleva a la pareja a la armonía.
Pero cuando las relaciones sentimentales se dirimen en la Red, el mapa está cambiando.
¿Qué significa tener un comportamiento sexual compulsivo? Se cree que el adicto al sexo puede tener alguno de los siguientes comportamientos en forma reiterada y sostenida:
> Consumo excesivo de pornografía.
> Sexo virtual o por teléfono.
> Masturbación frecuente.
> Encuentros sexuales con desconocidos/desconocidas, o sexo pago.
> Placer por la infidelidad.
> Voyerismo o exhibicionismo.
> Relaciones sexuales sadomasoquistas.
Hasta 2011 la adicción al sexo no estuvo contemplada en el Manual de Diagnósticos y Estadísticas de los Trastornos Mentales. A partir de entonces se incluyó el síndrome denominado "hipersexualidad", como una variable más del "trastorno obsesivo-compulsivo".
Lejos de mezclar asuntos morales con criterios médicos (cada uno vive el sexo como quiere y puede), hay un límite entre el placer y la compulsión.
Los investigadores coinciden que 3 cuestiones que se convierten en indicadores de la situación:
> Cuando las prácticas sexuales son prioridad e interfieren en la vida cotidiana.
> Cuando se cree haber perdido el control sobre sus impulsos sexuales y sienta culpa o vergüenza.
> Cuando el afectado utilice el sexo para superar o aliviar una carencia, de tal forma que lo practique compulsivamente no para estar bien, sino para estar mal.
¿Por qué surgen estas conductas?
Pueden ser a causa de experiencias traumáticas en la primera infancia o por desórdenes o dificultades en las relaciones y la comunicación o los trastornos de ánimo. Tanto la ansiedad como el estrés suelen ser un motor frecuente y desencadenante.
La solución siempre consiste en dejar de lado la culpa y la vergüenza y buscar ayuda en los profesionales de la salud. 
Hay un dato interesante en el análisis de Gray, cuando él apunta que el feminismo es culpable del creciente número de divorcios. 
En su opinión, hombres y mujeres se identifican con planetas diferentes, por lo que ambos deberían asumir sus personalidades.
"La razón por la que hay tantos divorcios es que el feminismo promociona la independencia de la mujer. Me alegra de que las mujeres logren una mayor independencia, pero si ellas se van muy lejos, ¿quién está en casa?", se preguntó.
Luego, Gray dijo: "El lugar donde más se resiste mi mensaje es en Estados Unidos. Allí, donde el feminismo tiene un mayor apoyo, se resiste la idea de que hombres y mujeres son diferentes".
Y dentro de USA, California -donde él vive-, hábitat de una sociedad en la que los divorcios son consecuencia del tipo de vida que se lleva en ese estado.
"Quienes quieren vivir libremente se van a California. Allí experimentan cosas nuevas, domina el feminismo. La gente trabaja todo el tiempo, por lo que empiezan a tener aventuras y se divorcian", explicó Gray.
 "No creo que la terapia sea la solución para todo el mundo, solo pienso que la gente de California necesita más terapia", concluyó.
Sobre adicciones
La adicción es una enfermedad crónica del cerebro con recaídas, caracterizada por la búsqueda y el uso compulsivo de aquella que es el objeto de la adicción, a pesar de las consecuencias nocivas. Se considera una enfermedad del cerebro porque las drogas cambian al cerebro: modifican su estructura y cómo funciona. 
La adicción es parecida a otras enfermedades, como las enfermedades del corazón. Ambas interrumpen el funcionamiento normal y saludable del órgano subyacente, tienen serias consecuencias dañinas, son prevenibles, tratables y, si no se tratan, pueden durar toda la vida.
En general, las personas comienzan a consumir sexo para sentirse bien, le produce sensaciones intensas de placer. Esta sensación inicial de euforia va seguida por otros efectos tales como sentimientos de relajamiento y satisfacción.
El inicio también puede ser por curiosidad o “porque los demás lo hacen”. 
Algunas personas que sufren de ansiedad o fobia social, trastornos relacionados al estrés o depresión, comienzan a abusar en un intento de disminuir los sentimientos de angustia. El estrés puede jugar un papel importante en determinar si alguien comienza o continúa abusando, y en las recaídas en los pacientes que están recuperándose de su adicción.
Por lo general, la decisión inicial es voluntaria. Sin embargo, cuando se convierte en abuso, la capacidad individual para ejercer el auto control se vuelve sumamente deficiente. Los estudios de imágenes del cerebro de los adictos muestran cambios físicos en áreas del cerebro esenciales para el juicio, la toma de decisiones, el aprendizaje, la memoria y el control del comportamiento. 
Los científicos creen que estos cambios alteran la forma cómo funciona el cerebro y pueden explicar los comportamientos compulsivos y destructivos que resultan de la adicción.
Al igual que con cualquier otra enfermedad, la vulnerabilidad a la adicción difiere de una persona a otra. En general, mientras más factores de riesgo se tienen, mayor es la probabilidad de que el consumo de drogas se convierta en abuso y adicción. En cambio, los factores de “protección” reducen el riesgo de desarrollar una adicción.
No hay un solo factor que determine que alguien se vuelva adicto. El riesgo total de volverse adicto es afectado por la constitución biológica de la persona, pudiendo verse influenciado por el sexo o la etnia de la persona o por la etapa de desarrollo en que se encuentra y por su entorno social (por ejemplo, las condiciones en el hogar, en la escuela y en el vecindario).
Los científicos creen que los factores genéticos, incluyendo los cambios causados por el medio ambiente en su expresión y función, constituyen entre el 40% y el 60% de la vulnerabilidad a la adicción. 
Sexo
La adicción al sexo o sexo compulsivo se refiere a un conjunto de conductas con formato repetido y de carácter compulsivo dirigidas a mantener relaciones sexuales, habitualmente con diferentes parejas, con el fin de satisfacer un intenso y frecuente deseo sexual. Se calcula que 6% de la población puede sufrir este trastorno.
Jay Parker, orientador en adicciones y director de un programa para adictos al sexo en Redmond, Washington, llamado "No more secrets" (no más secretos), explica que tener un gran interés en el sexo no significa ser un adicto.
“Es el mismo caso que con el alcohol. No todos los que son detenidos por conducir en estado de embriaguez son alcohólicos”, dice. “Hay personas que tienen errores de juicio, pero no son adictos”.
Algunos terapeutas, como Craig Fabrikant, psicólogo clínico del Hackensack University Medical Center, prefieren clasificarlo como un desorden obsesivo-compulsivo, antes como una adicción.
Pero Fabrikant coincide en que las personas que son infelices o disfuncionales porque sus vidas sexuales están fuera de control, necesitan ayuda profesional, y para ello el primer paso es reconocer que tienen un problema.
Cuando el deseo de mantener relaciones sexuales es demasiado frecuente y la búsqueda de satisfacción del mismo ocupa gran parte del día a día, o interfiere de forma significativa trayendo consigo consecuencias negativas, es muy probable que exista una situación de adicción al sexo.
De forma general, puede presentar las siguientes características:
> Problemas de control de impulsos, falta de concentración, etcétera. 
> Persistente en su conducta a pesar de las consecuencias negativas.
> Pensamientos sobre temas sexuales casi de forma constante y de manera intrusiva.
> No es capaz de controlar su impulso sexual.
> Frecuentemente recurre a la masturbación, encuentros con desconocidos, cibersexo, pornografía, prostitución…
> El tiempo dedicado a la búsqueda de sexo le puede llevar al aislamiento, además de traerle problemas económicos y familiares.
> Presenta malestar similar al síndrome de abstinencia cuando no consigue mantener relaciones sexuales.
Algunos signos generales que conocer la situación:
1. Mentira
Según Parker, orientador para adicciones sexuales, mentir es la primera señal de que has pasado los límites: inventar historias para conseguir sexo.
2. Consumido por el sexo
Si el sexo domina su vida, tienes un problema, dice Robert Weiss, fundador del Sexual Recovery Institute. Él afirma que los adictos “siempre están preocupados por conquistar a alguien, pasar a buscar a alguien o regresar a casa antes que sus esposas para ver porno”.
3. Advertencias de amenazas de divorcio, muerte, despido o arresto
Si continúa sus actividades sexuales incluso bajo éstas advertencias, es un adicto, afirma Parker. “No les importan las consecuencias”, añade Weiss. “Piensa, ‘podría arruinar mi vida, pero voy a continuar haciéndolo’”.
4. Interés excesivo por la pornografía
“La pornografía no puede ser exagerada”, dice Parker. “Si alguien tiene relaciones sexuales con 3 mujeres en 1 semana, puedo asegurar que le encanta la pornografía”.
5. Quiere parar y no puede
La adicción sexual se define por una pérdida de control, dice Weiss. “Yo estaba completamente fuera de control, intentaba parar y no podía”, afirma un paciente al que se llamó Roger.
Un caso
Cuando ya estaba desesperado, Roger confesó su adicción a su esposa e ingresó en un hospital para seguir un tratamiento mensual que le impedía tener orgasmos solo o acompañado.
Durante el tratamiento no se le permitía llevar a cabo ninguna actividad sexual ni ver pornografía. También se sometió a  lo que él llamaba un “psicodrama”, en el que repasaba situaciones del pasado que le pudieron haber llevado a su adicción, como haber sufrido abusos sexuales repetidamente a los siete años por un vecino mayor que él.
En otras sesiones, los orientadores le ayudaron a entender la repercusión que había tenido en su esposa e hijos, las mujeres con quien se había relacionado y sus familias.
Su esposa se unió al programa durante 2 días. Él le leyó su “carta revelación”, en la que describía sus actividades sexuales durante los 20 años anteriores.
“Ella sabía de la pornografía y la masturbación que yo practicaba, pero no de las aventuras o las prostitutas. Para ella fue muy difícil recibir esta información, tan sólo el número de mujeres con que había estado era abrumador”, recuerda Roger.
Durante la última semana del tratamiento, Roger y sus doctores imaginaron cómo sería su vida en casa después de la recuperación. Hoy visita a un orientador y asiste a un programa de recuperación en 12 pasos. “En los 365 días después del tratamiento, fui a 523 reuniones”, cuenta.
Al principio de su recuperación vio pornografía en Internet en algunas ocasiones, pero instaló un software en su computadora que alertaba a su esposa y a su terapeuta en su grupo de apoyo, y dejó de hacerlo.
De manera gradual, dice Roger, aprendió cómo tener una vida sexual sana con su esposa. 


Juntosbien.org

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