miércoles, 5 de julio de 2017

Contra la falsa fe de moda, que quiere dudas y no seguridades

por Alonso Gracián
Está de moda sospechar de la certeza de la fe. Está bien visto tener dudas y convivir con ellas normalmente. Porque, si como dicen confusamente muchos de nuestros pastores, ser cristiano no consiste en profesar una doctrina, pues entonces es normal una fe sin seguridades y con dudas.
Nos quieren enseñar que tener seguridades es malo, que es bueno dudar, que la certeza es cosa de racionalistas y que creer es sólo confiar.
Confieso que hace varios años, cuando empecé a escuchar a laicos y sacerdotes hablar de lo malo que es una fe con seguridades, presentí que muchos errores  y problemas nos vendrían con este nuevo virus.
De la noche a la mañana, se pasó de defender una doctrina consistente, defendida tenazmente por San Juan Pablo II, a criticar la certeza de fe, a hacer propaganda de las bondades evangelizadoras de la falta de seguridades. Ya se sabe, decían, que el tiempo es superior al espacio y el movimiento mejor que el reposo. 
Pero con el tiempo, esta idea inicial se ha ido transformando en una impostura, en una falsa fe: que sólo consiste en confiar en Cristo, pero no en tener doctrinas o catecismos o profesar dogmas o recitar credos. Una falsa fe que quiere movimiento sin fin, que afirma no querer descanso ni paz ni que la mente repose sobrenaturalmente en sus seguridades (que, recordemos, son TEOLOGALES, es decir, infundidas por Dios). 
Pues bien, releyendo el Catecismo Tridentino (reconozco que soy carca), nos encontramos cómo, nada más empezar, nos avisa que:
«Esta primera profesión de fe significa exactamente: “Creo con toda certeza y confieso sin ninguna clase de duda que existe un Dios Padre, primera Persona de la Santísima Trinidad, que con su omnipotencia sacó de la nada el cielo, la tierra y todo cuanto hay bajo el cielo y la tierra; y una vez creadas todas las cosas, las conserva y gobierna»
Esto ya empieza a sonar católico. Pero es que hay más:
«Creer no significa aquí pensar, juzgar, opinar…, sino que, como enseña la Sagrada Escritura, tiene la fuerza de un asentimiento certísimo, por el que la inteligencia del hombre se adhiere de una manera segura y constante a Dios, que revela los misterios.
Cree, por consiguiente - en el sentido que la palabra creer tiene en este lugar -, quien, sin ninguna clase de duda, tiene certeza absoluta sobre alguna verdad.»
A continuación dice algo también sorprendente:
«Cuando Dios nos manda creer, no nos quiere entretenidos en escudriñar sus juicios divinos o en averiguar su causa y razón; nos exige un asentimiento inalterable, que hace que el espíritu DESCANSE en el conocimiento de la verdad eterna.»
Así es, hermanos. La fe teologal nos concede el descanso en la verdad. Reposar en la certeza teologal es bueno; dejar de movernos de un error a otro, es bueno; estar seguros de en qué creemos, es bueno; creer en todas las verdades reveladas por Dios para nuestra salvación, es bueno.
La seguridad de la fe es infundida por Dios Uno y Trino, y es buena, da potencia apostólica y gran celo por las almas. La gracia lo hace posible. La fe más sólida y profunda es DOGMÁTICA. Se cristiano es creer sin duda y con absoluta seguridad en Cristo y, al mismo tiempo y como la misma cosa, profesar su doctrina redentora.
Por eso, hermanos, termino con este axioma, católico de siempre y de verdad: tener seguridades es bueno, tener dudas es malo. No nos dejemos engañar.

InfoCatólica. Blog. La mirada en perspectiva (el 27.06.17 a las 10:58 PM)

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