por Néstor Martínez
Sobre el Documento conjunto del Papa Francisco y el Imán de Al - Azhar
Comentando el reciente Documento del Papa Francisco y el Imán de Al-Azhar, dice José Castro Velarde en “Actuall”:
“En un mundo donde se difunde el relativismo, la ideología de género y el ateísmo, el Papa ha conseguido apuntalar los puntos de unión con los musulmanes. La unión de los cristianos con un mundo musulmán razonable es necesaria para combatir el agnosticismo y el ateísmo.”
Sin embargo, en la perspectiva del mismo Papa Francisco parece que la motivación principal del documento es ésta, según dice en el reportaje que le hacen en el avión al volver del viaje:
“Hemos rezado tanto para lograr hacer este documento, porque, para mí, solo hay un gran peligro en este momento: la destrucción, la guerra, el odio entre nosotros. Y, si nosotros los creyentes no somos capaces de darnos la mano, abrazarnos y tampoco de rezar, nuestra fe será derrotada.”
https://infovaticana.com/2019/02/05/el-papa-sobre-el-documento-firmado-con-el-iman-fue-hecho-en-el-espiritu-del-vaticano-ii/
Es decir, y simplificando, sin duda: ante el peligro de la guerra, se exhorta a los creyentes a unirse en torno a las verdades y valores que tienen en común.
Nos proponemos hacer algunos comentarios al Documento mencionado, según la exhortación que allí mismo se hace:
“Al-Azhar y la Iglesia Católica piden que este Documento sea objeto de investigación y reflexión en todas las escuelas, universidades e institutos de educación y formación, para que se ayude a crear nuevas generaciones que traigan el bien y la paz, y defiendan en todas partes los derechos de los oprimidos y de los últimos.”
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Dice un pasaje del Documento:
“El diálogo entre los creyentes significa encontrarse en el enorme espacio de los valores espirituales, humanos y sociales comunes, e invertirlo en la difusión de las virtudes morales más altas, pedidas por las religiones; significa también evitar las discusiones inútiles.”
Ese peligro de la guerra ciertamente que se lo ve como consecuencia, sí, del materialismo, ateísmo y agnosticismo, pero también del fundamentalismo religioso y el “integrismo”:
“Esta Documento, partiendo de una reflexión profunda sobre nuestra realidad contemporánea, valorando sus éxitos y viviendo sus dolores, sus catástrofes y calamidades, cree firmemente que entre las causas más importantes de la crisis del mundo moderno están una conciencia humana anestesiada y un alejamiento de los valores religiosos, además del predominio del individualismo y de las filosofías materialistas que divinizan al hombre y ponen los valores mundanos y materiales en el lugar de los principios supremos y trascendentes.”
“En el nombre de esta fraternidad golpeada por las políticas de integrismo y división y por los sistemas de ganancia insaciable y las tendencias ideológicas odiosas, que manipulan las acciones y los destinos de los hombres.”
“Todo eso contribuye a que se difunda una sensación general de frustración, de soledad y de desesperación, llevando a muchos a caer o en la vorágine del extremismo ateo o agnóstico, o bien en el fundamentalismo religioso, en el extremismo o en el integrismo ciego, llevando así a otras personas a ceder a formas de dependencia y de autodestrucción individual y colectiva.”
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Lo común es una abstracción, y la vida humana real no transcurre entre abstracciones, sino entre realidades concretas.
El Cristianismo y el Islam tienen mucho en común, pero son dos realidades concretas fundamentalmente distintas e incompatibles entre sí.
El cristiano cree que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y que Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre, único Salvador de todos los hombres. El musulmán no puede aceptar esto y seguir siendo musulmán.
El musulmán cree que Mahoma es el enviado definitivo de Dios y que Jesucristo es solamente uno de los hombres de Dios que vinieron antes de él y que le prepararon el camino. El cristiano no puede aceptar esto y seguir siendo cristiano.
El problema con el Documento es que se queda en lo común y lo penúltimo. Es penúltima la búsqueda de paz y felicidad en esta vida.
“Esto es lo que esperamos e intentamos realizar para alcanzar una paz universal que disfruten todas las personas en esta vida.”
Al respecto, dice Nuestro Señor Jesucristo:
“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?” (Mt. 16, 26)
“El que quiera salvar su vida la perderá, el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará” (Mc. 8, 35).
Y el problema más de fondo es que al tratar de implementar eso común y penúltimo en la realidad efectiva de las cosas, necesariamente se va a chocar con lo específicamente cristiano, y con lo definitivo, lo eterno.
En efecto, ¿entra entre las cuestiones debatidas en esas “discusiones inútiles” aquella de si Jesucristo es o no el Hijo de Dios hecho hombre, único Salvador de todos los hombres? Sin duda que al poner ese tema sobre la mesa nos estaríamos saliendo de “lo común”.
El gran peligro en el fondo con lo “común” es que lo específicamente cristiano tiende a verse, en esa perspectiva, como un apéndice, un adorno, un agregado accidental que es del gusto de algunos.
La mentalidad racionalista y masónica moderna cree que lo único válido de las religiones es lo que la razón individual puede abstraer como lo común a todas ellas.
Se opera así una inversión total de la perspectiva del Nuevo Testamento, donde lo central no es lo que es común a todas las religiones, o a todos los hombres de buena voluntad, sino la manifestación del amor del Dios Trinitario en la Persona de Jesucristo, Hijo de Dios, para salvar a los hombres del pecado y de la condenación eterna y llevarlos a la eterna bienaventuranza.
Desde hace unos tres o cuatro siglos en Occidente, lo que hay en realidad es el choque entre dos universalismos: el universalismo de origen racionalista y masónico de los “valores comunes a todas las religiones” y el universalismo cristiano de la única Redención obrada en favor de todos los hombres por Jesucristo crucificado, muerto y Resucitado.
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¿Se dirá que en este Documento se trata de una operación estratégica transitoria, destinada a salir del mal momento en que actualmente se encuentra el mundo, y a lograr un acercamiento con los musulmanes que haga posible después su evangelización?
Más allá de todo lo que llevamos visto sobre esto en los últimos cincuenta años, el hecho es que eso no puede funcionar así. Lo mismo que hace el atractivo de estas estrategias de “diálogo” es lo que las vuelve radicalmente impotentes para la evangelización.
Porque en esos planteos sólo se puede hablar de lo común, de lo que nos une. Lo otro sería fomentar la división, la intolerancia, las “discusiones inútiles”.
Querer sacar el anuncio del Evangelio de Jesucristo de estas reuniones y diálogos en torno a los “valores comunes” es como querer sacar agua de un balde vacío, o como el recurso del barón de Münchausen que cuando se cayó en un pantano quería salvarse tirándose de los pelos.
De lo común partimos, y en lo común nos quedamos entonces, en la fabricación de una nueva religión que se agrega a las otras ya existentes, la religión de lo que es supuestamente común a todas las religiones ¿a juicio de quién?
En Occidente, al menos, eso suele ser a juicio de la masonería.
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Dice el Documento:
“Declaramos también la importancia de reavivar el sentido religioso y la necesidad de reanimarlo en los corazones de las nuevas generaciones, a través de la educación sana y la adhesión a los valores morales y a las enseñanzas religiosas adecuadas, para que se afronten las tendencias individualistas, egoístas, conflictivas, el radicalismo y el extremismo ciego en todas sus formas y manifestaciones.”
¿Las enseñanzas religiosas “adecuadas”? ¿Cuáles son las adecuadas, y cuáles las inadecuadas, y a juicio de quién?
Toda la historia de la humanidad se puede ver como una inmensa contienda en torno a cuáles son las enseñanzas religiosas adecuadas. Los cristianos creemos que el único que puede decirlo es Dios, y no solamente eso, sino que efectivamente lo ha hecho, Dios ha hablado, y nos ha hablado por medio de su Hijo hecho hombre, que es su Palabra eterna, Jesucristo Nuestro Señor, de modo que sólo Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y nadie va al Padre sino por Él.
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Dice el Documento:
“La fuerte convicción de que las enseñanzas verdaderas de las religiones invitan a permanecer anclados en los valores de la paz; a sostener los valores del conocimiento recíproco, de la fraternidad humana y de la convivencia común; a restablecer la sabiduría, la justicia y la caridad y a despertar el sentido de la religiosidad entre los jóvenes, para defender a las nuevas generaciones del dominio del pensamiento materialista, del peligro de las políticas de la codicia de la ganancia insaciable y de la indiferencia, basadas en la ley de la fuerza y no en la fuerza de la ley.”
¿Las enseñanzas verdaderas de las religiones? ¿Hay otras, entonces, que son falsas? ¿Y cuáles son las verdaderas, y cuáles las falsas, y de nuevo, a juicio de quién?
Misma respuesta que al párrafo anterior.
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Agrega el Documento:
“El primer y más importante objetivo de las religiones es el de creer en Dios, honrarlo y llamar a todos los hombres a creer que este universo depende de un Dios que lo gobierna, es el Creador que nos ha plasmado con su sabiduría divina y nos ha concedido el don de la vida para conservarlo.”
Sin embargo, los cristianos creemos que el objetivo más importante de la religión verdadera, que es la cristiana y católica, es llevar a los hombres a la salvación eterna por medio de Jesucristo, y que de nada sirve haber creído en Dios como Creador si luego, rechazando la invitación del mismo Dios a la fe en Cristo y al arrepentimiento por nuestros pecados, se va a la condenación eterna, y que el don de la vida no nos ha sido dado simplemente para conservarlo, sino para que nos sirva para llegar al Cielo, hasta el punto de que los mártires han aceptado la muerte antes de renegar de la fe en Cristo que nos salva para siempre.
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Continúa el Documento:
“El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos. Esta Sabiduría Divina es la fuente de la que proviene el derecho a la libertad de credo y a la libertad de ser diferente. Por esto se condena el hecho de que se obligue a la gente a adherir a una religión o cultura determinada, como también de que se imponga un estilo de civilización que los demás no aceptan.”
Frente a esto, dice el Concilio Vaticano II en su Constitución Dogmática Lumen Gentium:
“14. El sagrado Concilio fija su atención en primer lugar en los fieles católicos. Y enseña, fundado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, que esta Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación. El único Mediador y camino de salvación es Cristo, quien se hace presente a todos nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia. El mismo, al inculcar con palabras explícitas la necesidad de la fe y el bautismo (cf. Mc 16,16; Jn 3,5), confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como por una puerta. Por lo cual no podrían salvarse aquellos hombres que, conociendo que la Iglesia católica fue instituida por Dios a través de Jesucristo como necesaria, sin embargo, se negasen a entrar o a perseverar en ella.”
No se puede decir, cristianamente hablando, que Dios ha querido positivamente las otras religiones, pues en concreto consideradas, son erróneas necesariamente, desde el momento en que, pretendiendo, como no puede ser de otro modo, dar una respuesta final y definitiva al problema del sentido de la vida humana, o bien prescinden de Cristo y de su Iglesia, lo cual equivale a un rechazo implícito, o bien, los rechazan explícitamente.
Dios ha querido sí los valores religiosos que hay en algunas religiones, y con ese fin ha permitido la existencia de esas religiones mismas, para que por medio de ellas los hombres busquen a Dios como a tientas, como dice San Pablo en su discurso del Areópago (Hechos 17, 24 – 31):
“El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. Él hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: “Nosotros somos también de su raza”. Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. Porque él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos»”
José Castro parece ver un obstáculo al relativismo en este Documento, pero en realidad es de temer que sirva de ocasión, más bien, a esa tendencia, con esa afirmación vaga e imprecisa de que las diversas religiones “son expresión de una sabia voluntad divina”.
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La mencionada preocupación por evitar las guerras y apelar por ello a las religiones aparece en párrafos como éstos:
“Además, declaramos —firmemente— que las religiones no incitan nunca a la guerra y no instan a sentimientos de odio, hostilidad, extremismo, ni invitan a la violencia o al derramamiento de sangre.
En efecto, Dios, el Omnipotente, no necesita ser defendido por nadie y no desea que su nombre sea usado para aterrorizar a la gente.”
Alguien podría concluir del principio sentado en esos párrafos que el Islam entonces no es una religión, pues sin duda que ha incitado a la guerra a lo largo de toda su historia.
También se podría concluir que la religión está ausente de todo el Antiguo Testamento, donde repetidas veces Dios ordena a los suyos que vayan a la guerra, y se presenta la guerra en muchas ocasiones como buena, justa, y querida y e incluso ordenada por Dios. Léanse por ejemplo los libros del Génesis, Éxodo, Josué, Jueces, Macabeos, etc.
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Algunos ejemplos, ante todo, respecto del Antiguo Testamento:
Números 21, 21 – 25:
“Entonces envió Israel embajadores a Sehón rey de los amorreos, diciendo: Pasaré por tu tierra; no nos iremos por los sembrados, ni por las viñas; no beberemos las aguas de los pozos; por el camino real iremos, hasta que pasemos tu territorio. Mas Sehón no dejó pasar a Israel por su territorio, sino que juntó Sehón todo su pueblo y salió contra Israel en el desierto, y vino a Jahaza y peleó contra Israel. Y lo hirió Israel a filo de espada, y tomó su tierra desde Arnón hasta Jaboc, hasta los hijos de Amón; porque la frontera de los hijos de Amón era fuerte. Y tomó Israel todas estas ciudades, y habitó Israel en todas las ciudades del amorreo, en Hesbón y en todas sus aldeas.”
Números 21, 31 – 35:
“Así habitó Israel en la tierra del amorreo. También envió Moisés a reconocer a Jazer; y tomaron sus aldeas, y echaron al amorreo que estaba allí. Y volvieron, y subieron camino de Basán; y salió contra ellos Og rey de Basán, él y todo su pueblo, para pelear en Edrei. Entonces Jehová dijo a Moisés: No le tengas miedo, porque en tu mano lo he entregado, a él y a todo su pueblo, y a su tierra; y harás de él como hiciste de Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón. E hirieron a él y a sus hijos, y a toda su gente, sin que le quedara uno, y se apoderaron de su tierra.”
Josué 6, 1-5, 20 – 21:
“Ahora bien, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tus manos a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete trompetas de cuerno de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las trompetas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, y cuando oigáis el sonido de la trompeta, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces el pueblo subirá, cada uno derecho hacia delante. (…) Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las trompetas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de las trompetas, el pueblo gritó con gran vocerío, y el muro se desplomó. Y el pueblo subió a la ciudad, cada uno derecho hacia delante, y la tomaron. Y destruyeron completamente a filo de espada todo lo que en la ciudad había: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, y las ovejas, y los asnos.”
1 Macabeos 2, 15 – 28:
“Entre tanto, los delegados del rey, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín para exigir que se ofrecieran los sacrificios. Se presentaron muchos israelitas, pero Matatías y sus hijos se agruparon aparte. Entonces los enviados del rey fueron a decirle: “Tú eres un jefe ilustre y gozas de autoridad en esta ciudad, respaldado por hijos y hermanos. Sé el primero en acercarte a ejecutar la orden del rey, como lo han hecho todas las naciones, y también los hombres de Judá y los que han quedado en Jerusalén. Así tú y tus hijos, serán contados entre los Amigos del rey y gratificados con plata, oro y numerosos regalos”. Matatías respondió en alta voz: “Aunque todas las naciones que están bajo el dominio del rey obedezcan y abandonen el culto de sus antepasados para someterse a sus órdenes, yo, mis hijos y mis hermanos nos mantendremos fieles a la Alianza de nuestros padres. El Cielo nos libre de abandonar la Ley y los preceptos. Nosotros no acataremos las órdenes del rey desviándonos de nuestro culto, ni a la derecha ni a la izquierda”.
Cuando acabó de pronunciar estas palabras, un judío se adelantó a la vista de todos para ofrecer un sacrificio sobre el altar de Modín, conforme al decreto del rey. Al ver esto, Matatías se enardeció de celo y se estremecieron sus entrañas; y dejándose llevar por una justa indignación, se abalanzó y lo degolló sobre el altar. Ahí mismo mató al delegado real que obligaba a ofrecer los sacrificios y destruyó el altar. Así manifestó su celo por la Ley, como lo había hecho Pinjás con Zimrí, hijo de Salú.
Luego comenzó a gritar por la ciudad con todas sus fuerzas: “Todo el que sienta celo por la Ley y quiera mantenerse fiel a la Alianza, que me siga”. Y abandonando todo lo que poseían en la ciudad, él y sus hijos huyeron a las montañas.”
1 Macabeos 3, 1- 9:
“El sucesor de Matatías fue su hijo Judas, llamado Macabeo. Todos sus hermanos y los que habían seguido a su padre le prestaron apoyo y combatieron con entusiasmo por Israel. Él extendió la gloria de su pueblo y se revistió de la coraza como un héroe; se ciñó sus armas de guerra y libró batallas, protegiendo al ejército con su espada. Fue como un león por sus hazañas, como un cachorro que ruge ante su presa. Persiguió implacablemente a los impíos y entregó a las llamas a los perturbadores de su pueblo. Los impíos se acobardaron ante él, temblaron todos los que hacían el mal, y gracias a él se logró la salvación. Puso en aprieto a muchos reyes, alegró a Jacob con sus proezas, y su memoria será eternamente bendecida. Recorrió las ciudades de Judá, exterminó de ellas a los impíos y apartó de Israel la ira de Dios. Su fama llegó hasta los confines de la tierra, y congregó a los que estaban a punto de perecer.”
1 Macabeos 3, 10 – 24:
“Apolonio reunió muchos paganos y un numeroso contingente de Samaría para hacer la guerra contra Israel. Al enterarse de esto, Judas salió a su encuentro, lo derrotó y lo mató. Muchos sucumbieron y los demás se dieron a la fuga. Cuando recogieron el botín, Judas se quedó con la espada de Apolonio, y desde entonces siempre combatió con ella. Serón, el capitán del ejército de Siria, al saber que Judas había agrupado alrededor de él un contingente de hombres adictos y dispuestos a combatir, pensó: “Voy a hacerme famoso y a cubrirme de gloria en todo el reino, atacando a Judas y a sus secuaces, que intentan despreciar la orden del rey”. Entonces reanudó la lucha y con él subió un poderoso ejército de impíos para ayudarlo a vengarse de los israelitas. Cuando se acercó a la subida de Betjorón, Judas le salió al encuentro con unos pocos hombres. Estos, al ver el ejército que se les venía encima, dijeron a Judas: “¿Cómo, siendo tan pocos, podremos combatir con una multitud tan poderosa? Además, estamos extenuados porque hoy no hemos comido nada en todo el día”. Judas les respondió: “Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos, y al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos. Porque la victoria en el combate no depende de la cantidad de las tropas, sino de la fuerza que viene del Cielo. Ellos nos atacan, llenos de insolencia y de impiedad, para exterminarnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos, y para apoderarse de nuestros despojos. Nosotros, en cambio, luchamos por nuestra vida y por nuestras costumbres. El Cielo los aplastará delante de nosotros: ¡no les tengan miedo!”. Apenas terminó de hablar, se lanzó sorpresivamente sobre el enemigo, y Serón fue aplastado con todo su ejército. Después los persiguieron por la pendiente de Betjorón hasta la llanura: allí murieron unos ochocientos hombres, y los demás huyeron al país de los filisteos.”
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Por lo que tiene que ver con el Corán:
(tomado de https://www.religionenlibertad.com/blog/51004/los-versiculos-del-coran-que-inspiran-los-terroristas-del-estado.html. Aclaramos que los textos que siguen, los “asociadores” somos nosotros, los cristianos, que según el Islam somos politeístas porque creemos en la Trinidad y así “asociamos” otras dos Personas divinas al único Dios):
Sura 2, versículo 191
“Matadles donde deis con ellos y expulsadles de donde os hayan expulsado. Tentar es más grave que matar. No combatáis contra ellos junto a la Mezquita Sagrada, a no ser que os ataquen allí. Así que, si combaten contra vosotros, matadles: esa es la retribución de los infieles".
Sura 2, versículo 193
“Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda culto a Alá. Si cesan, no haya más hostilidades que contra los impíos".
Sura 2, versículo 216
“Se os ha prescrito que combatáis, aunque os disguste. Puede que os disguste algo que os conviene y améis algo que no os conviene. Alá sabe, mientras que vosotros no sabéis".
Sura 2, versículo 218
“Quienes creyeron y quienes dejaron sus hogares, combatiendo esforzadamente por Alá, pueden esperar la misericordia de Alá. Alá es indulgente, misericordioso".
Sura 2, versículo 244
“¡Combatid por Alá y sabed que Alá todo lo oye, todo lo sabe!”
Sura 3, versículo 157
“Y si sois muertos por Alá o morís de muerte natural, el perdón y misericordia de Alá son mejores que lo que ellos amasan".
Sura 3, versículo 158
“Si morís de muerte natural o sois muertos en el camino de Alá, seréis, sí, congregados/llevados hacia Alá".
Sura 3, versículo 169
“Y no penséis que quienes han caído por Alá hayan muerto. ¡Al contrario! Están vivos y sustentados junto a su Señor".
Sura 3, versículo 195
“Su Señor escuchó su plegaria: ‘No dejaré que se pierda obra de ninguno de vosotros, lo mismo si es varón que si es hembra, que habéis salido los unos de los otros. He de borrar las malas obras de quienes emigraron y fueron expulsados de sus hogares, de quienes padecieron por causa Mía, de quienes combatieron y fueron muertos, y he de introducirles en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos: recompensa de Alá’. Alá tiene junto a sí la bella recompensa".
Sura 4, versículo 56 y 57
“A quienes no crean en Nuestro signos arrojaremos al fuego. Siempre que se les consuma la piel, se la repondremos, para que gusten el castigo. Alá es poderoso, sabio".
“A quienes crean y obren bien, les introduciremos en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos, en los que estarán eternamente, para siempre. Allí tendrán esposas purificadas y haremos que les dé una sombra espesa".
Sura 4, versículo 71
“¡Creyentes! ¡Tened cuidado! Acometed en destacamentos o formando un solo cuerpo".
Sura 4, versículo 74
“¡Quienes cambian la vida de acá por la otra combatan por Alá! A quien, combatiendo por Alá, sea muerto o salga victorioso, le daremos una magnífica recompensa".
Sura 4, versículo 84
“¡Combate, pues, por Alá! Sólo de ti eres responsable. ¡Anima a los creyentes! Puede que Alá contenga el ímpetu de los infieles. Alá dispone de más violencia y es más terrible en castigar".
Sura 4, versículo 89
“Querrían que, como ellos, no creyerais, para ser iguales que ellos. No hagáis, pues, amigos entre ellos hasta que hayan emigrado por Alá. Si cambian a propósito, apoderaos de ellos y matadles donde les encontréis. No aceptéis su amistad ni auxilio".
Sura 4, versículo 91
“Hallaréis a otros que desean vivir en paz con vosotros y con su propia gente. Siempre que se les invita a la apostasía, caen en ella. Si no se mantienen aparte, si no os ofrecen someterse, si no deponen las armas, apoderaos de ellos y matadles donde deis con ellos. Os hemos dado pleno poder sobre ellos".
Sura 4, versículo 101
“Cuando estéis de viaje, no hay inconveniente en que abreviés la azalá, si teméis un ataque de los infieles. Los infieles son para vosotros un enemigo declarado".
Sura 4, versículo 144
“¡Creyentes! No toméis a los infieles como amigos, en lugar de tomar a los creyentes. ¿Queréis dar a Alá un argumento manifiesto en contra vuestra?".
Sura 5, versículo 33
“Retribución de quienes hacen la guerra a Alá y a Su Enviado y se dan a corromper en la tierra: serán muertos sin piedad, o crucificados, o amputados de manos y pies opuestos, o desterrados del país. Sufrirán ignominia en la vida de acá y terrible castigo en la otra".
Sura 5, versículo 35
“¡Creyentes! ¡Temed a Alá y buscad el medio de acercaron a Él! ¡Combatid por Su causa! Quizás, así, prosperéis".
Sura 8, versículo 12
“Cuando vuestro Señor inspiró a los ángeles: ‘Yo estoy con vosotros. ¡Confirmad, pues a los que creen! Infundiré terror en los corazones de quienes no crean. ¡Cortadles el cuello, pegadles en todos los dedos!’".
Sura 8, versículo 17
“No erais vosotros quienes les mataban, era Alá quien les mataba. Cuando tirabas, no eras tú quien tiraba, era Ala quien tiraba, para hacer experimentar a los creyentes un favor venido de Él. Alá todo lo oye, todo lo sabe".
Sura 8, versículo 39
“Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda todo el culto a Alá. Si cesan, Alá ve bien lo que hacen".
Sura 8, versículo 60
“¡Preparad contra ellos toda la fuerza, toda la caballería que podáis para amedrentar al enemigo de Alá y vuestro y a otros fuera de ellos, que no conocéis pero que Alá conoce! Cualquier cosa que gastéis por la causa de Alá os será devuelta, sin que seáis tratados injustamente".
Sura 8, versículo 65
“¡Profeta! ¡Anima a los creyentes al combate! Si hay entre vosotros veinte hombres tenaces, vencerán a doscientos. Y si cien, vencerán a mil infieles, pues éstos son gente que no comprende".
Sura 8, versículo 74
“Los creyentes que emigraron y lucharon por Alá, y quienes les dieron refugio y auxilio, ésos son los creyentes de verdad. Tendrán perdón y generoso sustento".
Sura 8, versículo 75
“Quienes, después, creyeron, emigraron y combatieron con vosotros, ésos son de los vuestros. Con todo, y según la Escritura de Alá, los unidos por lazos de consanguinidad están más cerca unos de otros. Alá es omnisciente".
Sura 9, versículo 5
“Cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociadores dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes! Pero si se arrepienten, hacen la azalá y dan el azaque, entonces ¡dejadles en paz! Dios es indulgente, misericordioso".
Sura 9, versículo 14
“¡Combatid contra ellos! Dios le castigará a manos vuestras y les llenará de vergüenza, mientras que a vosotros os auxiliará contra ellos, curando así los pechos de gente creyente".
Sura 9, versículo 20
“Quienes crean, emigren y luchen por Dios con su hacienda y sus personas tendrán una categoría más elevada junto a Dios. Ésos serán los que triunfen".
Sura 9, versículo 24
“Di: ‘Si preferís vuestros padres, vuestros hijos varones, vuestros hermanos, vuestras esposas, vuestra tribu, la hacienda que habéis adquirido, un negocio por cuyo resultado teméis y casas que os placen, a Alá y a Su Enviado y a la lucha por Su causa, esperad a que venga Alá con Su orden…’. Alá no dirige al pueblo perverso".
Sura 9, versículo 29
“¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Alá ni en el último Día, ni prohíben lo que Alá y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente!".
Sura 9, versículo 36
“El número de meses, para Alá, es de doce. Fueron inscritos en la Escritura de Alá el día que creó los cielos y la tierra. De ellos, cuatro son sagrados: ésa es la religión verdadera. ¡No seáis injustos con vosotros mismos no respetándolos! ¡Y combatid todos contra los asociadores como ellos también combaten todos contra vosotros! Y sabed que Alá está con los que Le temen".
Sura 9, versículo 38
“¡Creyentes! ¿Qué os pasa? ¿Por qué, cuando se os dice: ‘¡Id a la guerra por la causa de Dios!’, permanecéis clavados en tierra? ¿Preferís la vida de acá a la otra? Y ¿qué es el breve disfrute de la vida de acá comparado con la otra, sino bien poco…?".
Sura 9, versículo 39
“Si no vais a la guerra, os infligirá un doloroso castigo. Hará que otro pueblo os sustituya, sin que podáis causarle ningún daño. Alá es omnipotente".
Sura 9, versículo 41
“¡Id a la guerra, tanto si os es fácil como si os es difícil! ¡Luchad por Alá con vuestra hacienda y vuestras personas! Es mejor para vosotros. Si supierais…".
Sura 9, versículo 73
“¡Profeta! ¡Combate contra los infieles y los hipócritas, sé duro con ellos! Su refugio será la gehena. ¡Qué mal fin…!".
Sura 9, versículo 111
“Alá ha comprado a los creyentes sus personas y su hacienda, ofreciéndoles, a cambio, el Jardín. Combaten por Alá: matan o les matan. Es una promesa que Le obliga, verdad, contenida en la Tora, en el Evangelio y en el Corán. Y ¿quién respeta mejor su alianza que Alá? ¡Regocijaos por el trato que habéis cerrado con Él! ¡Ése es el éxito grandioso!".
Sura 9, versículo 123
“¡Creyentes! ¡Combatid contra los infieles que tengáis cerca! ¡Que os encuentren duros! ¡Sabed que Dios está con los que Le temen!".
Sura 22, versículo 58
“A quienes, habiendo emigrado por Alá, sean muertos o mueran, Alá les proveerá de bello sustento. Alá es el Mejor de los proveedores".
Sura 22, versículo 78
“¡Luchad por Alá como Él se merece! Él os eligió y no os ha impuesto ninguna carga en la religión! ¡La religión de vuestro padre Abraham! Él os llamó ‘musulmanes’ anteriormente y aquí, para que el Enviado sea testigo de vosotros y que vosotros seáis testigos de los hombres. ¡Haced la azalá y dad el azaque! ¡Y aferraos a Alá! ¡Él es vuestro Protector! ¡Es un protector excelente, un auxiliar excelente!".
Sura 25, versículo 52
“No obedezcas, pues, a los infieles y lucha esforzadamente contra ellos, por medio de él".
Sura 29, versículo 6
“Quien combate por Alá combate, en realidad, en provecho propio. Alá, ciertamente, puede prescindir de las criaturas".
Sura 47, versículo 4
“Cuando sostengáis, pues, un encuentro con los infieles, descargad los golpes en el cuello hasta someterlos. Entonces, atadlos fuertemente. Luego, devolvedles la libertad, de gracia o mediante rescate, para que cese la guerra. Es así como debéis hacer. Si Alá quisiera, se defendería de ellos, pero quiere probaros a unos por medio de otros. No dejará que se pierdan las obras de los que hayan caído por Alá".
Sura 49, versículo 15
“Son creyentes únicamente los que creen en Alá y en Su Enviado, sin abrigar ninguna duda, y combaten por Alá con su hacienda y sus personas. ¡Ésos son los veraces!".
Sura 61, versículo 4
“Alá ama a los que luchan en fila por Su causa, como si fueran un sólido edificio".
Sura 61, versículo 11 y 12
“¡Creed en Alá y en Su Enviado y combatid por Alá con vuestra hacienda y vuestras personas! Es mejor para vosotros. Si supierais…".
“Así, os perdonará vuestros pecados y os introducirá en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos y en viviendas agradables en los jardines del edén. ¡Ese es el éxito grandioso!".
Sura 66, versículo 9
“¡Profeta! ¡Combate contra los infieles y los hipócritas! ¡Muéstrate duro con ellos! Tendrán la gehena por morada.”
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Dice el Documento:
“En el nombre de la inocente alma humana que Dios ha prohibido matar, afirmando que quien mata a una persona es como si hubiese matado a toda la humanidad y quien salva a una es como si hubiese salvado a la humanidad entera.”
Esto, lamentablemente, no se ve cómo entenderlo. Volvemos una vez más al caso del policía que debe sacar su arma para hacer frente a un terrorista que está masacrando a civiles en una plaza de una ciudad, y lo mata, efectivamente. ¿Cae esa acción dentro de la prohibición enunciada en el quinto mandamiento, “No matarás”? ¿Ha pecado ese policía? ¿Debe arrepentirse y confesarse por lo que ha hecho? ¿Estaba entonces obligado moralmente a no disparar sobre el terrorista, y a intentar en todo caso la vía del diálogo, tratando de acercarse entre las balas y gritando para que su voz pudiese oírse entre los estampidos, mientras a su alrededor seguía muriendo gente inocente, y con la esperanza de no caer él mismo por un balazo antes de poder plantear sus razones al agresor?
Obviamente que no. Por el contrario, el policía está obligado a defender a la sociedad, ésa es su tarea, y en una situación así es bien posible que la única forma de defender a los inocentes sea matando al injusto agresor, que por el mismo hecho de ponerse a tomar vidas inocentes ha perdido su derecho a la vida.
Sin duda, el quinto mandamiento rectamente entendido dice “No matarás al inocente”, y hay una referencia a “la inocente alma humana” al comienzo del párrafo, pero, una vez más, es ambiguo, porque luego se habla “quien mata a una persona” en general.
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Es muy cierto que Dios no necesita que lo defiendan, y por eso mismo no sería razonable creer que han pensado lo contrario los que a lo largo de los siglos se han dedicado a defender la fe verdadera en Dios y en su plan de salvación.
Lo que se defiende en esos casos es la fe, propia y ajena, en uno mismo y en los demás, especialmente en los más débiles, pues se entiende que es el tesoro más preciado, desde que es la puerta para la salvación eterna, y se ve que esa fe es atacada de diversas maneras.
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Para terminar, creemos sinceramente que el gran peligro de este momento es el de todos los momentos, el que enuncia la primera carta de Pedro, cap. 5, vv. 8-9:
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.”
InfoCatólica. Blog: No sin grave daño. 6.2.19
"Se debería también empezar a formar católicos conscientes que entiendan que existe una idolatría que odia su fe, en lugar de formar católicos zombis que, o bien se resignan al desistimiento, o bien invocan bobaliconamente la libertad religiosa, que es como invocar la soga en casa del ahorcado". Juan M. de Prada.
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