Mostrando entradas con la etiqueta Homilías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Homilías. Mostrar todas las entradas

viernes, 31 de marzo de 2017

Papa Francisco invita a preguntarse en Cuaresma: ¿He defraudado en algo al Señor?

VATICANO, 30 Mar. 17 / 04:47 am (ACI).- En su homilía del día de ayer en la capilla de la Casa Santa Marta, el Papa Francisco pidió a los fieles preguntarse si han defraudado a Dios y si son esclavos de algunos ídolos que lo alejan de Él.

viernes, 24 de abril de 2015

domingo, 29 de marzo de 2015

“El dilema del cristiano: la exaltación de Barrabás o el seguimiento del crucificado”


P. Ricardo B. Mazza
En la primera oración de esta misa encontramos la clave de lo que celebraremos en estos días de semana santa.
Pedíamos a Dios que nos había mostrado el ejemplo de humildad de Jesús que se encarnó y murió en la cruz, que recibamos esa enseñanza de su pasión para que imitándolo, podamos participar de la gloria de su resurrección.

jueves, 19 de febrero de 2015

“Nos hará bien detenernos y durante la jornada pensar: ¿cómo es mi vida? ¿Por qué calles camino?

En cada circunstancia de la vida, el cristiano debe elegir a Dios y no dejarse desviar por hábitos que lo llevan lejos de Él. Lo afirmó el Papa Francisco al comentar las lecturas del día durante la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Ser honestos sobre nuestros pecados “nos abre a la caricia del Señor”, afirma el Papa Francisco

VATICANO, 18 Sep. 14 / 10:37 am (ACI/EWTN Noticias).- Durante la Misa matutina celebrada en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco abordó el pasaje evangélico donde Jesús perdona a la prostituta -ante el escándalo de la gente y los fariseos-, para afirmar que Cristo perdona y brinda su caricia a quien con honestidad sabe reconocerse pecador.

viernes, 12 de septiembre de 2014

La corrección fraterna ha de hacerse con caridad y humildad

(RV).- La verdadera corrección fraterna es dolorosa porque se hace con amor, verdad y humildad. Si sentimos placer por corregir, esto no viene de Dios. Lo dijo el Papa Francisco en la homilía de la misa matutina presidida en la Capilla de la Casa de Santa Marta, en el día en que la Iglesia celebra la Memoria litúrgica del Santísimo Nombre de María.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Anunciar el Evangelio no para convencer, porque la fuerza de la Palabra es Jesús, dijo el Papa en su homilía de la misa matutina

(RV).- (Con audio)   No se anuncia el Evangelio para convencer con palabras sabias, sino con la humildad, porque la fuerza de la Palabra de Dios es Jesús mismo y sólo quien tiene un corazón abierto lo acoge. Es cuanto dijo, sin síntesis, el Papa Francisco, al reanudar, tras la pausa del verano europeo, la Misa matutina con la participación de algunos fieles en la capilla de la Casa de Santa Marta.

martes, 1 de julio de 2014

Homilía en la entronización de NS de Schoensttat y bendición de los estudiantes.

El 18 de junio, en la parroquia San Juan Bautista de la ciudad de Santa Fe, Argentina, tuvimos la gracia de entronizar un cuadro con la imagen de Nuestra Señora de Schoensttat. Asimismo, como cada 18 de mes, pedimos en especialmente por los estudiantes y los que están por rendir exámenes, invocando la intercesión de San José de Cupertino, cuya imagen también veneramos en la parroquia. Celebramos la Misa de la Visitación de la Santísima Virgen a su prima Isabel. Aquí la Homilía del padre Ricardo Mazza.

lunes, 30 de junio de 2014

Francisco: «Hay cristianos perseguidos con “guante blanco”»

El Papa en Santa Marta: «Hoy hay más mártires que en los primeros siglos», y su sangre riega a la Iglesia

Foto: IRAK; NIÑO CRISTIANO QUE HUYÓ DE LA VIOLENCIA CON SU FAMILIA

viernes, 13 de junio de 2014

Papa Francisco: Dios nos prepara para llevar a cabo nuestra misión

Cuando el Señor quiere confiarnos una misión, “nos prepara” para hacerla bien. Y nuestra respuesta debe basarse en la oración y en la fidelidad. Es el pensamiento resumido de la homilía del Papa Francisco en la Misa celebrada este en la Casa Santa Marta.

jueves, 5 de junio de 2014

La Iglesia no es una casa en alquiler, en la que podemos estar con un pie adentro y otro fuera, dijo el Papa en su homilía

2014-06-05 Radio Vaticana
(RV).- (Con audio)   La Iglesia “no es rígida”, la Iglesia “es libre”. Lo subrayó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa Santa Marta. El Pontífice advirtió acerca de tres tipos de personas que pretenden llamarse cristianos: los que quieren la “uniformidad”, los que pretenden las “alternativas” y los que buscan las “ventajas”. Para estos, observó, “la Iglesia no es su casa”, sino que la toman “en alquiler”.

sábado, 17 de mayo de 2014

“Conocer a Jesús es el trabajo más importante de nuestra vida”

No basta estudiar para conocer a Jesús, así como no bastan las ideas. Hay que rezarle con el corazón, celebrarlo con alegría como hace la Iglesia y leer más a menudo el Evangelio para saber cómo imitarlo. Lo destacó el Papa Francisco, en su homilía de la Misa matutina de este viernes, en la capilla de la Casa de Santa Marta, explicando que las tres puertas que hay que abrir para conocer a Jesús son pues la oración, la celebración y la imitación.

martes, 1 de abril de 2014

Pereza y formalismo en tantos cristianos cierran la puerta a la salvación, dijo el Papa en su homilía

“Los cristianos anestesiados no hacen bien a la Iglesia”. Lo subrayó el Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. Francisco reafirmó que no es necesario detenerse en los formalismos, sino “implicarse”, vencer la pereza espiritual y correr el riesgo en primera persona para anunciar el Evangelio.

viernes, 21 de febrero de 2014

Papa Francisco: la fe sin obras no sirve, también los demonios saben el Credo

“Una fe que no da fruto en las obras no es fe”. Es la afirmación con la cual el Papa Francisco comenzó la homilía de la Misa presidida esta mañana en la Domus Santa Marta. El Papa ofreció la misa por los 90 años del cardenal Silvano Piovanelli, arzobispo emérito de Florencia, dándoles las gracias “por su trabajo, su testimonio y su bondad”.
 

miércoles, 15 de junio de 2011

PENTECOSTÉS, O EL NACIMIENTO DE LA IGLESIA-PUEBLO DE DIOS


Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia,
para el domingo de Pentecostés (12/6/2011) Jn 20,19-23.

martes, 12 de abril de 2011

La curación del ciego de nacimiento.


Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el cuarto domingo de Cuaresma (03 de abril de 2011). Jn 9,1-41

sábado, 26 de febrero de 2011

Fuerte denuncia del Nuncio en Argentina: “El Papa es abandonado también por sacerdotes y obispos”


Presentamos el texto de una homilía del Nuncio Apostólico en Argentina, Mons. Adriano Bernardini, publicada originalmente por la agencia AICA, y pronunciada con ocasión de la apertura de la asamblea de las Obras Misioneras Pontificias en la fiesta de la Cátedra de San Pedro. En la misma, el Arzobispo Bernardini se refirió a los ataques contra el Vicario de Cristo por su fidelidad a la Verdad y al abandono que sufre no sólo por parte de sus enemigos sino incluso de los ministros de la Iglesia.

lunes, 29 de marzo de 2010

Domingo de Ramos




En el Domingo de Ramos se lee durante la misa la Pasión según San Mateo; y en el curso de la Semana Santa se leen las otras tres “Pasiones” –la de San Juan, se canta. La Iglesia quisiera que toda esta Semana se recordara de continuo y meditara la Pasión de Cristo. Pero para poder hacer eso, hay que ser fraile.

La Iglesia quisiera que se meditara la Pasión de Cristo toda la vida; que eso significan los Crucifijos; y los “Calvarios” que se yerguen sobre todas las montañas y lomas en los países católico-germanos de Europa; meditación a la que no puede agotar ninguna vida de hombre. La actual devoción al “Corazón de Jesús” significa lo mismo: es la Pasión de Cristo contemplada en el interior, es decir, en sus afectos, que fueron infiernados; y en su causa, que fue el Amor –el amor no correspondido. Es decir, los dolores del alma. San Juan es el “scriba ánimæ Christi”, el notario del corazón de Jesús.

Haremos dos comentarios de la pasión y muerte de Cristo: uno sobre los dolores de su alma (sobre lo cual escribió un sermón inmortal E. Newman) y otro sobre la legalidad de la muerte de Cristo. Hoy día, después del historiador Gibbons, muchos escritores impíos sostienen que la muerte de Cristo “fue legal”.

Los dolores físicos de Cristo fueron extremos: una verdadera tempestad de horrores. Un día de intenso trabajo, el rito de la Pascua, el largo y emotivo Sermón-Testamento después del lavatorio de los pies pedían una noche de sueño: siguió la larga subida al Olivar desde la otra punta de la ciudad, rodeando el Templo: la bajada al Cedrón y la subida a Getseemáni, la doble oración del Huerto en la cual sudó sangre; y el apresamiento lleno de brutalidades; que no otra cosa significan el machetazo de Pedro a Malco y la huida despavorida de los Apóstoles. Después siguió la parada ante el Sanedrín y la bofetada; y las inmundas vejaciones, ultrajes y golpes en la galería de la Curia Sinagogal. Al amanecer Cristo tenía que estar desmayado o muerto; y entonces comienza la real pasión: le quedaba todavía doce horas de torturas sobrehumanas, a saber, los paseos horribles por toda la ciudad, los azotes a la columna (que ellos solos producían la muerte en muchos casos), la coronación de espinas, el acarreo de la cruz, el enclavamiento y las tres horas de espantosa agonía. Hasta la última gota de sangre. Despacio, diabólicamente graduado.

Los dolores de un hombre son una función de su sensibilidad; los dolores físicos al fin y al cabo desembocan en la conciencia, la cual les da su tercera dimensión: por eso un dolor físico cualquiera es infinitamente mayor en un hombre que en un animal. Y por eso la pasión física de Cristo, aunque la suma de las torturas no hubiese sido casi infinita, hubiese sido a causa de su exquisita sensitividad casi infinita; porque Cristo representa con respecto a nosotros algo como nosotros con respecto a un animal. Cristo tenía una “cuarta” dimensión.

Hay hombres que han sufrido horrores en su vida estando casi incólumes exteriormente: a causa de su sensitividad. El filósofo Kirkegor por ejemplo: yo no he vacilado en estampar hace poco a su propósito la frase sagrada: “enclavaron sus manos y sus pies y contaron todos sus huesos”. Y sin embargo Kirkegor físicamente no sufrió mucho: tenía una pequeña renta para vivir, no tuvo enfermedades agudas, su “would-be” suegro lo amenazó una vez con un puñetazo pero no se lo dio, su gigantesco trabajo de escritor (que en 8 ó 10 años produjo una obra que en la actual edición alemana tiene 52 tomos) estaba compensado por el gozo de la creación de obras geniales… Pero Kirkegor era un melancólico, tenía los nervios de un gran artista; y lastimados encima. La lectura de su “Diario” lo pone poco a poco a uno delante de los dolores de Job; y uno se queda pasmado delante de un verdadero abismo de paciencia. Fue ciertamente un “crucificado”.

La pasión del Cristo se abre y se cierra con dos frases de dimensión infinita, que indican los dolores del alma de Jesús, que sólo Él podía conocer. Al comenzar dijo: “Mi alma está triste hasta la muerte”; y al terminarla dijo: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?”. Estas palabras responden al grito que puso en sus labios el profeta: “Todos los que pasáis por el camino, atended y mirad si hay dolor comparable a mi dolor”.

Estas palabras designan un dolor abismal, casi infinito: la Muerte y el Infierno, que son los dos males supremos, hijos del Pecado. Porque el sentirse real y verdaderamente abandonado por Dios, eso es el infierno. Y Cristo no exageraba ni mentía.

La primera sangre que derramó Cristo no se la arrancaron los azotes: se la arrancó la tristeza. “Empezó a entristecerse y a atediarse y aterrorizarse” –anota el Evangelista. Vieron visiblemente los Apóstoles en el gesto de Cristo esos tres monstruos –Tristeza, Tedio y Terror– que cayeron sobre Él al ingresar en el Oliveto; y la respuesta del Maestro a su muda o hablada interrogación fue descubrirles su alma “triste hasta la muerte”. La aprensión imaginativa de un gran peligro o un gran dolor –y más de un dolor irremediable– suele atormentar a veces más aún que el mismo hecho: a muchos los ha llevado a la desesperación y al suicidio. Esa es la condición del hombre; pero esa condición, que nos ha sido dada para que luchemos y evitemos la catástrofe, a Cristo le fue dada para mayor tormento. “Y era su sudor como sudor de sangre que corría hasta la tierra” –empapadas las vestiduras por lo tanto. Púrpura real. “¿Quién es éste que viene desde Esrom, enrojecidas sus vestiduras como vestiduras de rey?”.

La tristeza de Cristo tenía tres raíces: 1ª) el Universal Pecado que había asumido como Cordero Sacrificial pesando asquerosamente sobre su conciencia santísima; 2ª) la previsión de todos los horrores próximos con la violenta y frustrada voluntad de rehuirlos y evitarlos; 3ª) la visión clarísima de la ingratitud de la humanidad. Quae utílitas in sánguine meo? ¿Para qué ha servido mi sangre? ¡Judas!

De nosotros depende que haya servido o no. Podemos consolar el corazón de Dios.

“Comenzó a entristecerse…”. Esa tristeza fue aumentando hasta el final, hasta llegar al grito de los condenados. Los Apóstoles no vieron más que la entrada al abismo. Más allá ningún hombre puede seguir al Hombre-Dios.

Es cuestión de recordar la frase ingenua y temeraria del paisano: “Si esto que dicen los curas es verdá, y todo eso fue por mí, yo tengo que hacer alguna cosa muy brava por vos”.

___

El 2º comentario al “Passio” de San Mateo que habíamos prometido versa sobre la legalidad de la muerte de Cristo.

Hace tiempo leímos en un diario yanqui una noticia curiosa: que los israelitas de Nueva York querían hacer una revisión jurídica del proceso a Cristo; es decir, reunir otra vez el Sinedrio, rever testimonios y pruebas, y dictar sentencia definitiva. No sé si se hizo. Lo curioso sería que lo hubiesen hecho y hubiesen condenado de nuevo a muerte al Nazareno ese, que tanto ha dado que hacer. La verdad es que en todo rigor debían hacer eso; porque si llegaran a absolverlo, tenían que volverse todos cristianos; o mejor dicho, ya lo serían 1.

Pero si lo han hecho, lo probable es que la sentencia no ha sido ni “guilty”, ni “non guilty”; sino una sentencia de “not proven” o “out of legality”: nulo por irregularidad de forma jurídica. El proceso de Cristo ha sido altamente ilegal.

El P. Luis De La Palma S. J. en su clásica obra “Historia de la Pasión” ha reseñado en una página maestra las ilegalidades de ese rabioso proceso, que fue una monstruosidad jurídica. El Sinedrio o Tribunal Supremo se reunió en el tiempo pascual, cosa que les estaba vedada; se produjeron testigos falsos y contradictorios; no hubo testigos de descargo; no se dio al reo un defensor; al responder a una pregunta del juez, el acusado fue abofeteado; se tomó una respuesta del reo como prueba y el juez se convirtió en fiscal; la respuesta del Sinedrio no se dio por votación; se celebraron dos sesiones en el mismo día, sin la interrupción legal mandada entre la audición y la sentencia; el sentenciado fue deferido a la Autoridad Romana, que ellos no reconocían como legítima y que (como les advirtió el mismo Pilatos) no entendía jurisdiccionalmente de delitos religiosos; la acusación promovida en el Pretorio (“éste, se ha hecho Dios y por eso debe morir”) no era delito en ese Tribunal; el reo fue tundido a azotes, que era el comienzo de la crucifixión, antes de la sentencia prolata; el delito de conspiración contra el César, que promovieron después, no era pasible de crucifixión, ni siquiera de muerte, como lo era la sedición a mano armada y la traición al ejército imperial, cosas que manifiestamente no hizo Cristo; y finalmente dejando otras dos irregularidades menores, el pazguato de Pilato no profirió la sentencia oficial: “Ibis ad crucem”, sino que dijo malhumorado: “Agárrenlo ustedes y hagan lo que quieran”, cosa que un juez no puede hacer, porque es abdicar su oficio; después de haber hecho la fantochada de lavarse las manos con lo que creyó quedar bien con Dios, con los judíos y con su mujer; y después de haber proclamado públicamente la inocencia del acusado: “Non invenio in eo culpam” –no encuentro culpa en él–, lo mandó al patíbulo.

No sé si olvido alguna porque cito de memoria; pero con la mitad de estas irregularidades el proceso es archinulo; y el juez tenía el deber estrictísimo de absolver al acusado; hacer administrar “cuarenta menos uno” a Caifas por los malos tratamientos que había permitido infligirle; y hacer barrer a golpe de lictor a la turba con Barrabás y todo, que al pie de la escala de mármol (no querían pisar el pretorio para no mancharse y poder comer la pascua, los angelitos), bramaban como leones y toros (“toros bravos me han cercado, líbrame de la boca del león” –dijo el Profeta), y atropellaban el decoro del Procónsul con amenazas absurdas. Lo único que hay que anotarle al pollerudo de Pilatos es que no recibió ninguna “coima” (no se acordó) cosa que no se puede decir de todos los jueces cristianos.

Pero donde se equivoca La Palma es en enrostrar a los fariseos todas estas fallas del “procedimiento”; en este caso no tienen importancia maldita 2. Si Cristo no era lo que Él decía, había que darle muerte por encima de todo procedimiento; y eso en virtud del sentimiento religioso. Era un blasfemo; y por cierto, el blasfemo más extraordinario que ha existido. Por eso, ellos no tuvieron reparos en des-responsablar a Pilatos: “que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Esto era un juramento tremendo, que los latinos llamaban “exsecración”. En eso se sentían seguros: “creían (perversamente) hacer un obsequio a Dios”. Si el Nazareno no era Dios; ni el pastor Eróstrato que incendió el templo de Diana de Efeso, ni Calígula que violó una Vestal, ni Enrique II que hizo matar a Santo Tomás-Beckett en su catedral y durante su misa, han hecho una blasfemia y un sacrilegio comparable: “Reo es de muerte; nosotros sabemos que es reo de muerte; poco importa lo que le digamos a este romanacho incircunciso…”. Si la acusa de conspiración contra el César, y la subsiguiente amenaza no hubiesen surtido el apetecido efecto, poco les hubiera importado acusar a Cristo de haber pagado tres asesinos para matar a Pilatos, su mujer y su hijo. (Pilatos no tuvo hijos en vida; aunque después de muerto ha tenido muchos hijos adoptivos).

Pero la cuestión en causa no era la sedición contra el César (que ellos deseaban con toda el alma, los hipócritas) ni si Cristo había dicho que iba destruir el Templo y reedificarlo en tres días (que ellos sabían no había dicho) ni nada por el estilo. La cuestión real era: ¿Cristo es lo que Él dijo o no? Esta es la cuestión más tremenda que se ha puesto en la historia de la humanidad: cuestión de vida o muerte.

Todavía se pone, se pone continuamente; y la prueba son los honestos judíos de Nueva York. El proceso de Cristo se reproduce continuamente en el alma de cada hombre: Cristo es acusado, da testimonio de sí, deponen contra él falsos testigos, malos sacerdotes lo juzgan y condenan, Judas lo besa, inmundos herodes se burlan de él, y muchos pilatillos lo crucificamos. Es la cuestión de un simplicísimo si o no que se produce en lo más profundo del alma: “Sí, es Dios. No, no es mi Dios”. Si no es mi Dios, es reo de muerte… ¡Que desaparezca, que sea crucificado, que sea sepultado y sellado su cadáver y que no sepa más de él ni de su memoria!… Tremendo pensamiento.

Los cristianos creemos que la dispersión secular del pueblo judío (que ahora se está por terminar) es la respuesta a aquella “exsecración” de los fariseos: “caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. ¿Por qué sobre nuestros hijos? ¿No es injusto eso? Aquí hay un misterio. En realidad, todo judío que por su culpa no se vuelve cristiano, da su aquiescencia a la condenación de Cristo; porque ellos tienen en sus manos las Escrituras con todas las profecías (la pieza maestra del proceso, el testigo que no se llamó) y nadie tan bien como ellos puede entender de esta causa. Decir esto parece duro y tremendo; y en realidad lo es. Pero la cuestión es esta: o fue Dios o no fue Dios y no hay evasiva ni respuesta intermedia posible. O blasfemo, o mi Creador y Señor.

Dejemos en paz a los judíos si no es para rogar por ellos, como ruega la Iglesia el Viernes Santo: demasiado han sufrido. Lo malo es la segunda crucifixión de Cristo (“rursum crucifigentes Filium Dei”) que hacemos los cristianos. En mi propia vida tengo bastante que considerar; pero eso no es para contarlo aquí. Pero en la vida pública de las naciones llamadas cristianas, desde la Reforma acá, un largo e infausto Vía Crucis ejecuta al Cuerpo Místico de Cristo. Los caifas, los judas, los pedros, los herodes, los pilatos se multiplican; y todos los gestos de aquella nefasta hazaña se reproducen simbólicamente: se lo niega, se lo calumnia, se lo impreca, se lo azota y se lo crucifica. Y se lo sepulta.

Las naciones parecen en camino de crucificar nuevamente a Cristo; y de gritar al cielo: “que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”.

«Hasta el cielo en dolor anegado

Llega el grito de un ruego execrable

Cubre el ángel su rostro espantado

Dice Dios: “Yo lo voy a cumplir”

Y esa sangre, que el padre imprecaba,

A la prole infeliz aún enlima

Que hace siglos la lleva y de encima

No la pudo hasta hoy sacudir…

Padre nuestro, pues tanto le cuesta

Por Él cese tu ardor vengativo

De los ciegos la insana respuesta

Vuelve en bien, oh piadoso Señor.

Sí, esa sangre sobre ellos descienda

Pero en lluvia que limpie sus lodos

Todos hemos errado, y de todos

Esa sangre redima el error. 3»

Domingo de Ramos

El Evangelio de Jesucristo

Leonardo Castellani, S.J.

__________

1. Esta noticia ha dado origen a una obra dramática: “El proceso de Jesús”, que se está viendo mucho ahora en Buenos Aires.

2. Esta sentencia es de Santo Tomás de Aquino.

3. En la Argentina se ha visto mucho una película “holliwoodense” llamada “El manto sagrado”, en la cual el proceso de Cristo y sus promotores están escamoteados, y la idea que saca el vulgo es que a Cristo lo mataron los romanos; es decir, ¡los fascistas! –y que Cristo murió por la “democracia”. Han aplicado a la teología la técnica de los dibujos animados: el manto (no la “túnica”, que es lo que los soldados echaron a suertes) obra brujerías; pero no se sabe si Cristo es Dios, o qué. La “cinta” está inspirada por ese “neomahometismo culto” que parece ser la teología de una gran parte del pueblo yanqui; conforme a lo que predijo hace más de un siglo y medio el Conde Joseph de Maistre: “El protestantismo vuelto sociniano (negada la divinidad de Cristo) no se diferencia ya esencialmente del mahometismo”.

También se ha visto muchísimo aquí “El Proceso a Jesús” de Diego Fabbri, pieza teatral que como obra de arte es muy deficiente y como sermón en pro de Jesucristo (intención del autor) nos parece ineficaz.

De: Tradición Católica.

domingo, 3 de enero de 2010

La maternidad divina-humana de María Santísima



Celebramos hoy la fiesta de la Maternidad divina de María Santísima. Protegidos por el manto maternal de la Madre del “amor hermoso”, comienza un nuevo año civil, pletórico de promesas de salvación y plenitud para el creyente. Confiada siempre en su patrocinio, este día celebra también la Iglesia, la jornada de oración por la paz del mundo cuyo lema es para este año de 2010, “Si quieres la paz, protege la creación”. ¡Qué mejor que confiar a la obra más hermosa del Creador, María, todos nuestros deseos de ser buenos administradores de la creación orientándola siempre a la Gloria de Dios y al bien de la humanidad toda!

Por eso este primer día del año se abre –como señala el libro de los Números (6, 22-27)- con la fórmula que ante la invocación de Dios, asegura su bendición y su favor, en especial la paz tan necesitada.

Esa paz siempre la experimentamos de Él, ya que el mundo no la puede dar al estar el corazón humano en permanente guerra con su Dios y sus hermanos a causa del pecado, que siempre divide al hombre, nunca suficientemente decidido a abrirse a los dones de la verdad, de la luz y de la vida, que quiere derramar profusamente el Creador entre nosotros.

Comenzamos, pues, el año, con la seguridad de que Dios ama a todos sus hijos, y que su bendición que no hace acepción de personas, nos está asegurada a pesar de nuestras debilidades y falta de correspondencia a Su Amor.

Esta bendición de Dios sobre todos los hombres se hace realidad con la llegada del Hijo de Dios hecho hombre, enviado para salvarnos del pecado e introducirnos en la vida divina.

San Pablo (Gál. 4, 4-7) en la segunda lectura, nos dice que Jesús nace de una mujer, sometiéndose también a las leyes judías para darles un sentido nuevo por la acción superadora de la gracia.

Indudablemente tal enseñanza viene a dejar sentado que la mujer, por quien entró el pecado en el mundo, es redimida de modo particular por María, al ser elegida para dar al mundo al Salvador. Jesús entonces viene a dignificar no sólo a la mujer, estableciendo el papel que cumplió en la redención, sino que señala con su nacimiento la dignidad particular de que goza toda vida.

En efecto, si Cristo nació de mujer, es incoherente pretender -sin ofender el orden natural que se origina en Dios- banalizar la vida humana, como es habitual en la cultura de nuestro tiempo.

El hecho de que Cristo naciera de mujer eleva a una dignidad especial no sólo la maternidad, sino también la vida que en ella se origina, se gesta y viene al mundo como obra perfecta del Padre.

Precisamente la maternidad Divina de María se prolonga en cada hombre venido a este mundo, ya que por el don de la maternidad bendecida por Dios, es constituido hijo adoptivo suyo.

Es tan grande el don de la maternidad humana, que elevada por la divina, hace posible que nazcamos al mundo no como cualquier ser, sino ya elevados a la excelencia de la participación divina.

De allí que por el nacimiento en carne de cada hombre, se hace realidad que como Jesús, podamos llamar al Padre del Cielo con su verdadero nombre, “Abba”.

Nacidos con la capacidad de poder llamar a Dios de modo tan cercano podemos hacer realidad la vivencia de la libertad de los hijos de Dios a causa de la redención. Y aunque la lucha contra el espíritu del mal se continúe hasta el fin de los tiempos, contamos con la seguridad de la ayuda divina a causa justamente de nuestra condición de partícipes de la naturaleza divina.

El evangelio de San Lucas (2, 16-21) nos narra el acontecimiento de la visita de los pastores, quienes son los primeros en recibir la noticia del nacimiento de Jesús.

Se nos quiere enseñar que Jesús se manifiesta inmediatamente a aquellos que son de corazón sencillo, los que esperaron con anhelo la venida del Mesías y que por lo tanto están abiertos y dispuestos a recibir el mensaje del Señor en el silencio de la noche.

Este acontecimiento de los pastores es un preludio del sermón del monte ya que ¡felices los pobres de espíritu! Ellos lo son porque desapegados de sí mismos y conscientes que son poca cosa ante el Señor, anhelan recibirlo todo de Él.

En los pastores se cumple también el “¡felices los limpios de corazón, porque verán a Dios!” porque sin doblez, sin oscuridades interiores, transparentes en su sencillez vieron a Dios hecho carne y lo glorificaron.

El texto del evangelio en consonancia con la sencillez y silencio de los pastores, destaca también el silencio de María.

De ella se dice que “guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. De María se habla poco en el Evangelio. Pero si desentrañamos la riqueza de lo poco que se dice encontraremos una fuente inagotable de gracia.

Estamos invitados a ponernos en el lugar de Ella para meditar lo que consideró secretamente.

Seguramente pensó en que con la venida de su Hijo fuimos reconciliados con el Padre. Que a través de su venida, el Señor nos constituye hijos adoptivos del Padre y hermanos suyos. Que fuimos adoctrinados para decir con confianza: Abba, Padre”. Que al manifestarse a su pueblo a través de los pastores enseña cómo Dios se da a conocer a los de corazón limpio de toda maldad.

Y al meditar en estas consideraciones, al igual que María, se nos interpela para guardar silencio.

En silencio sigamos meditando en el hecho de que María es Madre de Dios, y que de este privilegio brotan las muchas prerrogativas que la adornan copiosamente.

En efecto, porque es Madre de Dios nace sin pecado original, permanece virgen antes, durante y después del parto, es asumida en cuerpo y alma a los cielos sin pasar por la corrupción corporal que trae la muerte y medianera de todas las gracias porque por medio de ella recibimos al autor de la Vida. Es también Madre nuestra ya que nos da a luz en el árbol de la Cruz.

María como toda Madre guarda silencio ante los grandes acontecimientos que comprenden a sus hijos. Por ello guarda silencio ante su nacimiento, cuando comienza su misión como enviado del Padre, camino al calvario, cuando llora al pie de la Cruz de su Hijo y no se la menciona ante el sepulcro vacío.

María vive en el silencio. Pero no es un silencio estéril, sino fructífero, ya que ama a su Hijo y con Él a todos nosotros.

María guarda silencio, en fin, porque para quien ama, las palabras están de más.

María Madre nos invita a guardar silencio frente al misterio del nacimiento de Cristo. Acallemos la imaginación, los pensamientos y las palabras. Dejemos que en medio de nuestro silencio seamos moldeados por quien es la Palabra de Vida.

Meditemos en Jesús nacido en Belén, saquemos enseñanzas para nuestra vida y guardemos para siempre en nuestro corazón el acontecimiento salvífico de nuestra humanidad.

Vayamos como los pastores despojados de toda maldad para contemplar al que ha nacido en carne humana para nosotros.

Vayamos al pesebre y pidamos a María, Madre de Jesús que nos enseñe a querer, a servir y vivir la presencia de nuestro Salvador.

-------------------------------------------------------------------------------------------

Padre Ricardo B. Mazza. Cura Párroco de la parroquia “San Juan Bautista” en Santa Fe de la Vera Cruz, Argentina. Homilía en la Solemnidad de María Madre de Dios. 1º de Enero de 2010. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com. www.nuevoencuentro.com/tomasmoro.