Querido hermano y hermana periodista:
Soy un simple sacerdote católico.
Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.
Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo.

