
«Dice Judas…: “¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?”. Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Jesús dijo: “Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis”» (Jn 12,4-8).