Convertir a un tío huérfano de gracia y talento que escupe bilis por la boca y desea a la muerte a todo quisque en ´mártir´ de la libertad de expresión es un rasgo muy propio de esta época envilecida, que cuando quiere encumbrar a alguien necesita antes buscarlo en el lodazal de la degradación.
por Juan Manuel de Prada
por Juan Manuel de Prada