jueves, 17 de febrero de 2011

LA SOLIDARIDAD


Autor: Marta Arrechea Harriet de Olivero | Fuente: Catholic.net

"La verdadera Solidaridad se ejercita atendiendo ambas partes, se atiende a las necesidades físicas y después a las morales".

La solidaridad es la virtud de la caridad llevada al ámbito social. Está muy ligada al amor al prójimo e implica unidad, colaboración y compartir con el prójimo sus necesidades primarias. Así como la caridad es el amor sobrenatural, la solidaridad es una de sus manifestaciones en el ámbito social.

La solidaridad es la tendencia humana a asociarse en busca de bienes comunes. Debe entenderse como principio ordenador de las instituciones y de las relaciones entre las personas en la sociedad.

Es la inclinación a sentirse vinculados con el prójimo ya sea por semejanzas o por intereses comunes. La solidaridad está emparentada con la misericordia, que es llevar en el corazón los problemas del prójimo. Habla de buenos sentimientos, de corazones responsables, nobles y generosos, que se involucran en los problemas ajenos y se entristecen cuando las personas sufren un mal y tratan de solucionarlos o amenguar sus penas.

En una oportunidad, ante una situación límite y grave que estaban pasando los hacendados argentinos en la Patagonia mi padre, que también era hacendado y agricultor, (sólo que en las provincias de La Pampa y Buenos Aires), se lamentaba con dolor de que el gobierno no ayudara con medidas económicas a tantos ganaderos que se fundían sin remedio por la caída del valor de la lana. Me acuerdo que yo le dije: “Bueno, papá, pero a nosotros nos va bien”... Y mi padre... mirando hacia abajo como quien reflexiona serenamente y dicta una sentencia profunda desde el corazón me contestó: “Pero no es así Martita...les tiene que ir bien a todos.

Lo que mi padre me dijo en tan pocas palabras no es más que el resumen total de toda la doctrina social de la Iglesia. De la misma manera que si un miembro del cuerpo se enferma y se gangrena todo el cuerpo se infecta y se enferma, en el entretejido social, para que el cuerpo social esté sano, el dinero en el ámbito económico debe correr en todos los ámbitos de la sociedad como la sangre a través de las venas del cuerpo humano. Algunos órganos, (como el hígado o el corazón), por ser más importantes para vivir y tener más responsabilidad, necesitarán de más cantidad de sangre. Pero el dedo del pie, por más que sea pequeño y aparentemente insignificante para la vida como lo es el corazón, también cumple su función de darle estabilidad a todo el cuerpo y, para no gangrenarse necesita que la sangre le llegue...

Para que la solidaridad sea virtud debe pasar de ser un sentimiento superficial y convertirse en una decisión firme y perseverante de comprometerse con el Bien Común. La solidaridad abarca dos grupos:

Las razones humanas o naturales, por la necesidad de apoyarse como puede ser en caso de catástrofes naturales, inundaciones, sequías, terremotos o hambrunas. En situaciones difíciles (inundaciones, terremotos) los argentinos nos hemos mostrado siempre generosamente solidarios. Aún en el ámbito de los discapacitados encontramos ejemplos conmovedores. Este es el caso de las Olimpíadas en Seattle para discapacitados llamadas “Olimpíadas especiales”, donde nueve participantes, todos con grandes deficiencias corporales participaban en una carrera. Al oír la señal de largada, todos fueron disparados no exactamente igual debido a sus discapacidades, pero todos con los mismos deseos de vencer y de dar lo mejor de sí. Ni bien comenzó la carrera, uno de ellos tropezó y se cayó y, al verse tan impedido de continuar se largó a llorar. Una participante con síndrome de down se detuvo, se arrodilló, lo ayudó a ponerse de pie para continuar la carrera y le dijo: “Ahora podrás vencer”. El resto de los participantes discapacitados al verla y al oírla, se detuvieron también para colaborar con ella. Así fue que, a partir de ahí, todos juntos retomaron la carrera y llegaron juntos hasta la meta. El estadio en pleno se puso de pie y no quedó un par de ojos secos... Las lágrimas corrían en todos los que observaron la escena. ¿Porqué?... Porque en el fondo de nuestro corazón todos sabemos que es lícito y muy meritorio ganar una carrera de forma individual. Pero el disminuir nuestro paso... cambiar nuestro rumbo... y detenerse para ayudar a otros a vencer también... es una instancia superior de vida.

Por razones sobrenaturales, que es la verdadera virtud, por considerarnos todos hijos de Dios, iguales en dignidad y derechos naturales, viendo al prójimo como un hermano en Cristo y sentirse unido a el en un mismo destino eterno y una idéntica Redención, buscando por ello la igualdad de oportunidades para todos.
La solidaridad debe aplicarse entre los más necesitados entre sí, entre los que más tienen hacia los que menos tienen y, curiosamente entre los que menos tienen hacia los que más tienen. Por ejemplo, así como quien más tiene podrá dar de sus bienes materiales a los que no tienen, quienes carezcan de bienes materiales siempre podrán responder con las virtudes de la gratitud, de la fidelidad y de la lealtad hacia quienes les dio.

La solidaridad debe ejercerse entre los empresarios hacia sus empleados, y de los empleados hacia sus patrones. Así como los patrones deben, por justicia pagar salarios justos, dignos y puntualmente, los empleados deben responder con honestidad y lealtad. Le corresponde al Estado el velar por una distribución equitativa de los bienes. Por ejemplo: Las zonas más pobres y desfavorecidas del país debieran tener menos cargas impositivas y los ciudadanos condiciones más favorables para alentarlos a instalarse en las zonas más marginales, ayudando a descentralizar las zonas más pobladas. No se trata de crear sólo un gran polo de desarrollo para centralizar a toda la población en grandes centros y manejarla políticamente sino al revés. Se trata de descentralizar, de crear múltiples centros de producción que ayuden a poblar toda la Patria y ayudar a las personas a su vez a vivir en condiciones más dignas, más cerca de la naturaleza y del aire libre y no hacinados en las grandes ciudades.

Se trata de redistribuir la población en múltiples centros a medida humana, donde las condiciones de vida se hagan más dignas y sanas para vivir, crecer, desarrollarse, producir y hasta poder morir rodeados de los suyos. Está muy bien que se hable de solidaridad entre las personas, pero hay que ejecutarlas para hacerlas realidad. Estas situaciones para mejorar las condiciones de vida pueden y debieran prevenirse con medidas sabiamente tomadas desde el gobierno y políticas de Estado coherentes. La solidaridad debe extenderse a los distintos países, razas y naciones, ayudando los países más ricos a los más pobres y no aprovechándose de sus debilidades y limitaciones. Si bien el amor a la propia Patria debe primar sobre las demás, después de la propia Patria debe extenderse hacia los otros países más desfavorecidos.

Los ejemplos opuestos a las actitudes solidarias que fortalecen el tejido social estableciendo lazos entre las personas son: la lucha de clases, la bandera e socialistas y comunistas, tan anticristiana que suprime a Dios de las conciencias mediante el laicismo y se erige en educador de las personas. Que niega los derechos naturales de los hombres, como el conocer la Verdad, el derecho natural primordial e inalienable de los padres a la educación de sus hijos o el acceso a la propiedad privada. Que todo plan divino lo enfrenta, lo rompe, lo destruye y lo subvierte. Y la explotación humana que es sacar en provecho propio por lo general de un modo abusivo, las cualidades o sentimientos de una persona, ya sea de las empresas multinacionales, de las naciones entre sí o de uno hacia el otro.

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